Nino Bravo A Fondo

 

Víctor Carrasco, una vida entregada a la música

 

   En su residencia de Benimamet ya no se escucha el suave murmullo de sus discos de música clásica. Su extensa colección de vinilos ha enmudecido, silenciando una estancia antes llena de vida. Las paredes, adornadas con objetos de todas partes del mundo, dan testimonio de sus viajes nacionales e internacionales. ‘Princesa’, una pequeña gatita atigrada, recorre todos los rincones de la casa, buscando la caricia de su dueño. Pero Víctor ya no está.

 

   La música era su vida. Fue cantante, bajo, guitarrista y empresario musical. Pero ante todo fue amigo. Amigo de artistas tan conocidos como Nino Bravo, Concha Piquer, Carmen Sevilla o Massiel. La historia de Víctor Carrasco es la historia de la música popular española de la segunda mitad del siglo XX, una historia que en estos momentos se hace imprescindible recordar.

 

   Víctor Carrasco nació en Valencia en 1926. Desde su más tierna infancia supo que su destino sería dedicarse a la música, de una u otra forma. Su primer empleo, con catorce años, sería en el diario Levante como botones.

 

   En 1945, con apenas diecinueve años, forma su primer grupo musical, el conjunto “Mediterráneo”. Tras un año de duros ensayos previos, debutan en un programa radiofónico que posteriormente fueron simultaneando con actuaciones en directo. Gracias a su presencia en la radio consiguen una gran popularidad en la provincia, que les abre las puertas de las mejores salas de la época. Víctor, junto al conjunto “Mediterráneo”, fue uno de los primeros en actuar en el famoso restaurante del edificio Rialto. “Aquello era un local de categoría. El mejor servicio del país estaba allí”, afirmaría posteriormente. Durante esta época conoció a Antonio Machín, recién llegado de Cuba.

 

   Sin embargo, el negocio de la música estaba mucho más desarrollado en Madrid, y las posibilidades que ofrecía la capital eran mucho mejores. Tras cambiar el nombre del grupo por el de “Victor’s” en alusión a su líder, deciden partir hacia Madrid, donde son aceptados rápidamente gracias a su estilo en el que se mezclan los boleros melódicos con las canciones mejicanas, una auténtica novedad en España a finales de los 40.

 

   “Al principio trabajamos en la sala Riscal, que era un restaurante donde se reunían los artistas. Fue allí donde comenzó con nosotros una joven llamada Sara Montiel. Luego estuvimos en Pasapoga, Villarosa, donde trabajamos con Imma Sumak, y donde debutó Rafael de Córdoba, quien al principio, al ser argentino, tenía mucho estilo en el flamenco, pero le faltaba la garra que en seguida supo coger”.

 

   Víctor gustaba de recordar una anécdota que les sucedió durante una gala en Torremolinos: “En las actuaciones me dedicaba también a animar al público, haciéndolo participar en las canciones. Entre los asistentes se encontraba el que era entonces ministro, Manuel Fraga Iribarne, quien no se cortó ni un pelo, demostrando que sabía cantar muy bien los tangos. La verdad es que lo hizo francamente bien”.

 

   A finales de los años 50, Víctor tuvo ocasión de actuar en las primeras retransmisiones de Televisión Española, un medio aún en ciernes que gozaría de una aceptación masiva en la siguiente década.

 

   Durante su prolongada estancia en Madrid, el valenciano tuvo ocasión de conocer casi a la totalidad de artistas del espectáculo nacional e internacional. En las fotografías que inundan sus álbumes personales podemos verle junto a figuras de la talla de Mona Bell, ganadora del Festival de Benidorm en 1957, Pérez Prado, el “rey del mambo”, Lucho Gatica, Tom Jones o Josephine Baker. “Josephine venía casi todos los años a España. Estuve un verano en su casa. Era una mujer excepcional”. Pero nunca olvidó su tierra, a la que volvía periódicamente. En marzo de 1956 actuó en el Parador So Nelo, uno de los más visitados de las fallas valencianas, con gran éxito de público.

 

   Una de las imágenes que Víctor guardaba con mayor cariño es su famosa instantánea con Ava Gardner, tomada en mayo de 1957. “De esta mujer siempre me acordaré. Eso era una hembra. Era una cachonda. No paraba. Lo que se dice una juerguista, pero a pesar de toda su fama y elegancia era una mujer de categoría, sencilla y amable, como Olga Guillot, la bolerista más importante del mundo, con la que también conviví una temporada”, recordaba Víctor. El valenciano recorre multitud de países llevando su música y profesionalidad allá donde actúa.

 

   En estos años, la ya orquesta “Victor’s” cambió varias veces de músicos. Se incorporaron personas tan conocidas como Agustín Serrano, quien posteriormente sería catedrático del Conservatorio de Madrid, o Rafael Ibarbia, que ejerció de pianista y llegaría a convertirse en uno de los directores de orquesta más famosos del país. Otros músicos que trabajaron en su orquesta fueron Pedro Iturralde, Lincoln Barceló y Pepe Barceló.

 

   Además de su trabajo frente a la orquesta “Victor’s”, su figura fue imprescindible en el lanzamiento de algunos de los mejores cantantes del pop español. “Me enorgullezco de haber descubierto a Miguel Ríos, cuando se llamaba Mike Ríos. Yo le hice debutar. Recuerdo que le pagaba cuarenta duros. Lo de Massiel fue distinto, porque ella es la hija de un buen amigo mío. Massiel, cuando tenía once años, me decía: “Víctor, yo quiero ser artista”. No puedo olvidar el día de su debut. Temblaba”. Gracias a su colaboración en un programa de radio pudo descubrir a grupos como Fórmula V: “Paquito no era un buen cantante, pero sabía cómo llevar a las chicas de calle”, recordaba al respecto. También descubrió a Pepe Nieto, un batería que comenzó con él en la orquesta, llegaría a trabajar como arreglista en los álbumes de Nino Bravo y otros cantantes, y obtuvo el Goya a la mejor banda sonora en 1988.

 

   Al actuar junto a su orquesta en las mejores salas de juventud de los años 60, y además ejercer la dirección musical de algunas de ellas, tuvo la oportunidad de presenciar el nacimiento de conjuntos como Los Brincos, Los Bravos o Los Canarios que pronto irrumpirían con fuerza en el panorama musical. En esta época tomó el nombre artístico de Víctor Karr.

 

   Sin embargo, y por motivos familiares, a finales de los años 60 decide volver a su Valencia natal. Dispuesto a seguir en la música como sea, se le ocurre una novedosa idea: montar una discoteca en pleno centro de Valencia que ofrezca actuaciones periódicas y en la que se pueda escuchar la música más actual. El local, con el nombre de “Victor’s”, abre sus puertas junto a las Torres de Quart en diciembre de 1968. La discoteca pronto se convertiría en un punto de referencia y encuentro entre artistas y aficionados del panorama musical valenciano. La gran afluencia de público, las actuaciones de los mejores artistas nacionales y la elegancia y modernidad con la que fue gestionada convirtieron a “Victor’s” con el paso del tiempo en todo un icono de la Valencia de los años 70.

 

   Precisamente en 1969 Víctor conoció a uno de sus grandes amigos, el cantante Nino Bravo. “Recuerdo cuando le conocí, al venir junto a su grupo a un programa de radio que yo llevaba entonces. Me gustó la excelente voz del cantante y le llevé a que le conocieran en Madrid gentes como Tomás Martín Blanco o Jose Mª Íñigo, a la sazón los “entendidos” más importantes en esta materia. Les gustó mucho Nino Bravo, pero dijeron que su estilo se parecía demasiado al de Raphael. Aquello me dio mucha risa. No pensó lo mismo Jesús Nuño de la Rosa, que mostró todo su interés por el cantante”. Nino comenzó a frecuentar la discoteca, acudiendo cada vez que necesitaba pasar un rato de diversión o para “empaparse” de todas las novedades musicales. Fue allí, a finales de 1969, donde conoció a Mª Amparo, quien se convertiría en su esposa en abril de 1971. Queda claro que la vida de Nino Bravo no hubiera sido la misma sin la presencia de Víctor, pero Nino también fue muy importante para él: en su casa guardaba un gran retrato del cantante como recuerdo al amigo que tan pronto nos dejó. La amistad entre ambos llegó a ser tan estrecha que Víctor fue uno de los pocos invitados a la despedida de soltero y la boda de Nino, celebrada casi en secreto para evitar la presencia de los periodistas. Nino acudía a la discoteca de su amigo cada Nochevieja, después de cenar con su familia, para tomar las uvas y compartir el cotillón. Una amistad que se truncó repentinamente en abril de 1973.  “Recuerdo como si fuera ayer el mazazo que supuso para mí la muerte de mi amigo Nino Bravo”, decía Víctor. “Las primeras noticias, confusas, me pillaron a bordo de un avión. Regresaba de Odessa, donde había presenciado el partido de copa de Europa que allí disputó el Real Madrid contra el Dynamo de Kiev. Esta ciudad estaba nevada y el partido tuvo que jugarse en esa otra población, y en el viaje me acompañaban buenos amigos míos y de Nino, como Jesús Nuño de la Rosa, empresario de una cadena de discotecas en Madrid, o aquel excepcional cantor de tangos llamado Carlos Acuña. Al llegar a Madrid, la noticia se confirmaba dejándonos estupefactos. Aunque costaba creer, Nino Bravo, mi amigo Nino Bravo, había muerto en accidente de carretera. Por mi mente desfilaron todos los momentos inolvidables vividos junto al extraordinario cantante. Al volver de cada viaje o actuación, Nino nunca dejaba de pasar por mi casa y comentar todo tipo de temas conmigo. Desde el aeropuerto de Manises, aquel día fatal, fui directamente a casa de Nino. Quería estar junto a su viuda, y durante dos días estuve allí recibiendo las llamadas que llegaban de todas partes. Ni que decir tiene que las escenas de dolor se repetían una y otra vez entre los familiares y las gentes que acudían a mostrar su dolor. Pero lo más emocionante fue la multitud que acudió la mañana del miércoles al entierro. Fue impresionante, y a mí me recordó una escena de mi niñez, cuando mi padre me llevó a ver la llegada de los restos mortales de Blasco Ibáñez a Valencia en 1933. Y no me sorprendió, porque Nino era un modelo de simpatía. Indiscutiblemente, la gente le quería, y mucho. Como yo. Como todos”. 

 

   La discoteca “Victor’s” continuó siendo la más popular y frecuentada de Valencia durante los años 70. Sin embargo, con el cambio de década, Víctor decidió que era el momento de evolucionar hacia un estilo de público que pedía un local diferente al que la moda estaba implantando. Hizo un “lavado de cara” a su negocio, redecorándolo completamente y cambiando de nombre. Así, en noviembre de 1980, nacía “Balkiss”, un local de ambiente situado en el mismo bajo de la calle Doctor Montserrat. El nombre recordaba a la forma con que los árabes se referían a la Reina de Saba, y en sus comienzos contó con importantes actuaciones internacionales como Gay International o El Carrusel de París. Demostrando nuevamente su innovación en el mundo del espectáculo valenciano, Víctor decide poner en marcha el certamen de Míster Valencia, celebrando en “Balkiss” un buen número de ediciones con gran éxito de público.

 

   Realmente no hubo artista que pasara por Valencia y no visitase "Balkiss", gracias a la amistad que unía a Víctor con todo el mundo del espectáculo. Por la sala desfilaron nombres como los de Lola Herrera, Joan Monleón, Florinda Chico, “Saza” o Beatriz Carvajal, entre otros muchos que no quisieron perder la oportunidad de saludar a su gran amigo. Especialmente esperadas eran sus fiestas de aniversario, en las que cada noviembre Víctor se encargaba de tirar la casa por la ventana y montaba un gran espectáculo con tarta de varios pisos incluida, y en las que participaban grandes intérpretes de “music-hall” que se encargaban de hacer inolvidable la velada.

 

   El éxito de “Balkiss” y el recuerdo de “Victor’s” hizo que la Asociación Provincial de Empresarios de Salas de Fiesta, Baile y Discotecas otorgara a Víctor Carrasco un premio a la imagen empresarial en 1991. Según sus compañeros, Víctor se distinguía por la seriedad y rectitud a la hora de dirigir su empresa, aunque ello no impedía que fuera alguien jovial, simpático y extrovertido.

 

   A mediados de los años 90, “Balkiss” volvió a su antiguo nombre, “Victor’s”, pero desgraciadamente ésta sería la última etapa de un local que tanta alegría y diversión había repartido entre los valencianos. En 1999 se llegó a celebrar el XXX aniversario de la discoteca decana de la ciudad, presentado por Vicente Moya “Suco”, quien fuera manager de Nino Bravo. Poco después, las puertas de “Victor’s” cerrarían para siempre, privando a Valencia de una parte de su historia.

 

   Tras su jubilación, Víctor siguió siempre en contacto con el mundo de la música. Una de sus últimas apariciones públicas sería en el estreno de "Nino Bravo, el musical", un homenaje a uno de sus grandes amigos. Se nos fue el pasado mes de agosto de 2011, tras una vida plena y llena de éxitos. Siempre le recordaremos como una de las figuras esenciales del espectáculo valenciano y español, un melómano empedernido y un gran amigo. Hasta siempre, Víctor.

 

Texto: Darío Ledesma

Fotos: Archivo familia Carrasco

 

 

Álbum Fotográfico de Víctor Carrasco