A pesar
de que Nino Bravo sólo obtuvo cinco números uno en su
carrera discográfica, todas sus canciones se recuerdan y
escuchan día a día como verdaderas joyas musicales. ¿Cuál es
el secreto de su éxito?
En
primer lugar, los compositores. Los mejores
compositores españoles entregaron sus creaciones más
logradas al servicio de la voz de Nino Bravo: autores
consagrados que habían revolucionado la música en los años
60 (es el caso de Augusto Algueró), músicos que auparon
anteriormente a la cima a grandes artistas (Manuel
Alejandro), jóvenes promesas de la música popular (Juan
Carlos Calderón) y otros autores de gran éxito como Pablo
Herrero, José Luis Armenteros, Ramón Arcusa, Manuel de la
Calva, Vicente López… Todos ellos hicieron del repertorio de
Nino Bravo una colección de canciones de estilos muy
variados y que gustan a todo el público.
En
segundo lugar, las letras. Nino Bravo siempre fue
reacio a interpretar una canción que no tuviera un tema, un
contenido. Sus canciones hablan, indistintamente, del amor,
de la muerte, de la libertad, de la vida, de la codicia…
Letras que no dejan a nadie indiferente, expresadas en un
lenguaje con el que es imposible no implicarse.
La
orquestación también juega un papel fundamental. Ha
quedado demostrado que los arreglos instrumentales son los
mejores realizados en aquella época, y gustan más que
algunos de los intentos de la discográfica por
“modernizar” el sonido de Nino Bravo.
Y, en
último lugar, una voz. Una gran voz. La voz de Nino
Bravo, melodiosa, sentimental, bien definida y que es capaz
de transmitir al oyente indescriptibles sensaciones.