Homenaje a Nino Bravo, a
31 años de su fallecimiento
por
Patricia Graciela Provenzano (Argentina)
En estas
página
s
voy a recordar a mi humilde manera a quien fue en vida Luis
Manuel Ferri Llopis. Para todos sus admiradores y para el
mundo de la canción fue el cantante español más grande de
todos los tiempos, siempre imitado, pero nunca jamás
igualado: NINO BRAVO.
NINO BRAVO
se nos fue físicamente a la pronta edad de 28 años, con una
carrera discográfica de 3 años, con una hermosa familia
constituida, con una hija de apenas 15 meses, y otro hijo en
camino.
Nino nació en
la población de Aielo de Malferit (Valencia) un 3 de agosto
de 1944, pero toda su infancia la vivió en el barrio
valenciano de Sagunto, en la calle Visitación nº 31, donde,
en un pequeño parque no muy lejos de allí, se encuentra un
busto con su imagen, que es un homenaje de la juventud
valenciana realizado en el año 1977.
Tengo la
sensación de que Nino fue desde muy pequeño un niño con
carácter especial.
Muy
estudioso, trabajador, cariñoso, muy compinche de sus
amigos, pero sobre todo una gran persona. Eso se notaba en
su forma de hablar, al dirigirse siempre a alguien mirando
directamente a los ojos.
A pesar de su
mirada, siempre triste, y su cara recia, en el fondo siento
que Nino era un gran hombre, con grandes condiciones como
artista, pero sobre todas las cosas un extraordinario ser
humano.
Pienso que si
Nino hubiera tenido tiempo para dedicar a sus hijas habría
sido un excelente padre, cariñoso, protector, cuidando
siempre de sus niñas. Sólo basta verlo en uno de sus vídeos,
cuando tiene en brazos a su primera hija María Amparo,
con qué dulzura la mira y le prodiga un montón de abrazos y
besos.
Como su
familia era de bajos recursos, tuvo que trabajar para
ayudarla. Lo hizo en una joyería. Estudió contabilidad de
empresas, y mientras estudiaba formó parte de un coro
musical.
Le gustaba
participar en todas las ‘fallas valencianas’. Fue allí donde
lo escuchó un productor musical y le ofreció llevar a cabo
la grabación de un disco como cantante solista. Pero como
Nino tenía un amplio sentido del compañerismo, no quería
dejar de lado a sus compañeros de banda. Al negarse la casa
grabadora, Nino dejó el proyecto sin darle mayor
importancia. Ese gran sentido de compañerismo le hace
rechazar un seguro camino de éxitos.
Formó parte
de varios grupos. Primero fueron ‘Los Hispánicos’,
que estaba integrado por Luis Manuel (Nino), Salvador y
Félix.
El otro gran
grupo fue ‘Los Superson’, integrado por Luis
Manuel (Nino), que era la voz, Pepe Juezas
(guitarra solista), Vicente Juezas (órgano),
Salvador Pelejero (batería) y su gran amigo y confidente
Vicente López, que fue el bajista de su conjunto.
En octubre
del año 1964, Nino se separa del conjunto porque es llamado
a cumplir con el servicio militar. Lo cumplió en la marina y
permaneció 2 años en Cartagena, de donde sale con el título
de marino de primera.
Cuando
regresa a Valencia emprende la vida con mayor entusiasmo.
Empieza a trabajar como administrativo en una oficina, y
junto con su inseparable amigo Vicente tiene la dicha de
conocer a su primer representante, un señor llamado
Miguel Siurán, conocido manager valenciano, fundador de
la revista “Mundo Musical” y locutor de “Radio Popular”.
Este
representante le puso el nombre con el que alcanzaría el
éxito: Nino Bravo.
Ya con ese
nombre, Nino hace su presentación oficial con ‘Los
Superson’ en el Teatro Principal de Valencia, el 16 de
marzo de 1969.

En junio del año
1970 participó en el festival de Atenas concursando con la
canción titulada “El adiós”, de Augusto Algueró y
Fernando Arbex, y poco después en el festival de Río de
Janeiro con la canción titulada “Elizabeth”, compuesta por
el Dúo Dinámico. Logra excelentes clasificaciones,
pero aún no habían llegado sus posibilidades
internacionales.
Nino no se
desmoralizó y se presentó al programa televisivo
“Pasaporte a Dublín”, gracias al cual permaneció 10
semanas en las pantallas de todos los televisores de toda
España, lo que le sirvió para que lo descubrieran quienes
aún no lo conocían, y gracias a eso obtuvo la popularidad
definitiva.
El 20 de
abril de 1971 Nino había contraído enlace con la Sta.
María Amparo Esther Martínez Gil en el más absoluto
secreto. Acuden a Tenerife en viaje de bodas, aprovechando
que Nino tenía que actuar en el Festival de la canción de
Puerto de la Cruz.
Ya en estas
instancias rompe su relación laboral con su manager José
Meri, y aparece en su vida Vicente Moya ‘Suco’,
con quien inaugura una agencia de contratación en la ciudad
del Turia, titulada “Brani”.
A estas
alturas Nino era conocido en varios países de Latinoamérica.
Acudió a países como Chile, Venezuela, Colombia, México y
Argentina.
Nino es un
triunfador, se venden millones de placas, todo el mundo
solicita la presencia de Nino, y él donde va triunfa. Europa
también empieza a descubrirlo y sus canciones se escuchan en
Bélgica, Alemania, Italia, Holanda…
Sus ventas
discográficas alcanzan países como Chile, Perú, Panamá,
Alemania, Venezuela, Colombia, México y Ecuador. En enero de
1972 Nino Bravo tiene la alegría más grande de su vida: el
nacimiento de su primera hija, a la que bautizó con el mismo
nombre que su esposa María Amparo. Lamentablemente, a su
segunda hija no llegó a conocerla.
Hoy, gracias
a la tecnología, Eva Ferri, su hija menor, aquella
niña que estaba a punto de nacer cuando su padre moría en un
trágico accidente de carretera, canta a dúo con Nino el tema
“Vuelve” en el compacto “Duetos 2”.
En 1972
participó nuevamente en el festival de Río de Janeiro con la
canción titulada “Mi tierra”, de Augusto Algueró.
Nino Bravo era el ganador absoluto de ese festival, pero una
mala acción de uno de los presidentes del jurado, que
efectuó su voto de forma tramposa (votando al participante
de su país, cuando por reglamento estaba terminantemente
prohibido), le arrebata a Nino el primer puesto del
festival, por lo que Nino prometió no presentarse nunca más
a eventos de esa característica.
El año 1972
había sido muy importante para la vida de Nino, no solo
porque había cumplido el sueño de ser padre, sino que en el
aspecto comercial había pagado un montón de deudas que
contrajo al comprar instrumentos para su grupo, comprarse un
automóvil nuevo con el que aprendió a conducir y adquirir
una casa en el campo para poder tomar aire puro junto a su
familia cuando sus obligaciones se lo permitieran. Todas
esas deudas las había podido saldar gracias a su trabajo
como cantante profesional, que iba cada vez más en ascenso.
Antes del
fatal accidente que le costara la vida había protagonizado
otro, con su Mercedes-Benz, color rojo, que quedó destruido
al regreso de una de sus giras. Ni él ni sus músicos
sufrieron ninguna lesión de importancia.
Pienso,
ahora, después de tantos años, que ése era un aviso para que
Nino tuviera un poco más de precaución cuando acudía de un
recital a otro, de una carretera a otra. Quizás si ese
premonitorio accidente le hubiera asustado no habría
comprado por navidades el automóvil BMW patente GC-66192 que
le llevó a la muerte cuatro meses después.
Recuerdo que
estaba por cumplir 10 años y no podía creer que por la radio
y televisión escuchara constantemente que en un accidente
automovilístico, cuando se dirigía a Madrid a realizar una
grabación, había fallecido mi gran ídolo, Nino Bravo.
En la radio,
como homenaje, pasaban constantemente sus canciones, y en la
televisión le hacían grandes homenajes, pasando los vídeos
de sus actuaciones en cuantos programas televisivos se había
presentado.
Yo, aunque
era muy chica, realmente no podía creer estar escuchando
tremenda noticia. Me imagino que a muchos de ustedes les
ocurriría lo mismo.
Para colmo, verlo cantar en los programas homenajes y
escucharlo a cada momento en la radio era como un burla, y
realmente nadie asumía que Nino ya no estaba entre nosotros.
La mayoría de nosotros teníamos un televisor viejo (pues aún
no habían llegado los de color a Argentina) y no había canal
de cable como los hay hoy día. Entonces las noticias no nos
llegaban de la misma forma que las que llegan actualmente:
solamente nos quedábamos con lo que escuchábamos en algún
noticiero, o lo que transmitían los locutores de radio de
aquella época.
Recuerdo que
toda mi niñez me la pasaba sentada frente al televisor,
viendo su imagen en los recitales homenajes, y llorando
desde que empezaba el recital hasta que terminaba, y mi
madre peleando conmigo, diciéndome que si seguía llorando
iba a apagar el televisor (por supuesto que nunca lo hacía).
La razón de mi llanto era saber que mi ídolo ya no estaba, y
con mis 9 años no podía entender que no lo vería más…
Ustedes se
preguntarán cuántos años tengo. No tantos… tengo 40, y aún
hoy sigo sintiendo la misma emoción cuando veo a Nino en un
vídeo o escucho por radio algunas de sus recordadas
canciones.
El accidente
que nos costó la vida de nuestro admirado cantante ocurrió
el lunes 16 de abril de 1973 en las primeras horas de la
mañana, en la carretera que va de Madrid-Valencia, en la
curva de Tarancón, al volcar el auto y salirse de la
carretera.
Con él iban
sus compañeros José Juezas, Fernando Romero y
Miguel Diurni, que formaban el grupo “Humo”, a
los que Nino pensaba producir su primer disco en un estudio
de la capital madrileña, grupo que había descubierto tiempo
antes, en Valencia. Ellos resultaron con heridas serias a
causa del fatal accidente, aunque con el tiempo pudieron de
a poco reponerse.
Los restos
mortales de Nino iban a ser inhumados en la capital
valenciana. La gente se dio cita en el cementerio valenciano
de la calle Jesús, esperando en la puerta del mismo el
arribo del féretro con los restos mortales del cantante.
Había
personas de diferentes edades, entre las que se destacaban
mujeres, las cuales llevaban en sus manos grandes ramos de
rosas para arrojarle a su ídolo.
Dentro del
cementerio aguardaban sus familiares, amigos, compañeros y
muchos famosos que aún no podían creer la fatal noticia.
El coche que
transportaba los restos de Nino llegó procedente de Madrid,
custodiado por dos coches patrulla y dos motoristas de la
policía municipal de la capital valenciana. La gente, al ver
que el coche fúnebre se acercaba, rompieron a llorar, a la
vez que una lluvia incesante de flores se dispersó por el
aire. La mayoría de las personas allí presentes querían
dejar su recuerdo, tanto arrojándole una flor como tratando
de llegar hasta el féretro para tocarlo.
Fueron más de
10.000 personas las que asistieron al entierro de Nino, al
que precedió la misa de difuntos ofrecida por el sacerdote
Salvador Alberda (tío de Nino), Enrique Nubell
Sanchís, párroco que casó a Nino con su esposa, y el
párroco del cementerio.
El cortejo
iba encabezado por el cura de la parroquia de San Isidro, y
el féretro con los restos mortales de Nino era llevado a
hombros por parientes, familiares y amigos. Entre las
personas que asistieron se encontraban el alcalde de la
ciudad y el delegado del ministerio de información y
turismo, además de numerosos representantes de firmas
discográficas y artistas residentes en Valencia.
Tuvo que
cerrarse la puerta del cementerio al público porque no había
ya lugar, pues el templo se encontraba repleto de personas a
las que les era imposible circular a pie con el féretro
hasta su morada final, pues la gente congregada dentro y
fuera de la capilla impedía el paso. Todos querían dar el
último adiós, queriendo besar el ataúd o tratando de
depositar sobre él ramos de flores.
El ataúd con
los restos mortales de Nino fue depositado en un nicho,
situado en la sección séptima derecha del cementerio
valenciano. Aún me parece mentira ver esas imágenes en
vídeo: el momento en el que ingresan a Nino en su nicho para
su descanso eterno, y el llanto de su esposa tratando de
llegar con su mano a tocar el féretro para darle la
despedida final.
Me produce
tristeza escribir esta parte de mi relato para todos
ustedes, en homenaje a mi ídolo, porque tengo muy presente
en mi memoria ese momento. Me pongo por un instante en el
lugar de su familiares y de su esposa María Amparo, que a
pocos años de haberse casado con el amor de su vida, después
de haber tenido la dicha de tener un hijo tan deseado y de
esperar otro, la vida se ensañe tanto con ella para
castigarla de esta forma, haciéndole perder para siempre al
amor de su vida, y quedar sola para luchar con su hija que
aún está dando sus primeros pasos, quizás aprendiendo a
decir ‘papá’ por primera vez, y con otro hijo en
camino.
¿Cómo habrán
sido los años siguientes de María Amparo, con su niña
pequeña y con Eva, la niña que acababa de nacer y que su
padre no conoció? ¿Qué habrá pasado ese instante por su
cabeza? Imagino que hubiera deseado con toda el alma que el
amor de su vida estuviera en ese momento con ella como la
primera vez, para no encontrarse tan vacía y tan sola,
porque aunque sé que sus familiares no la han abandonado,
ella con todas las fuerzas de su corazón hubiera querido que
el tiempo volviera atrás por unos segundos y Nino estuviera
allí con ella.
La imagino
una gran mujer, con mucha fuerza y gran entereza para seguir
adelante sola con dos hijas pequeñas. También tengo la
sensación de que siempre les habló maravillas de su padre:
se nota al ver la forma en que Eva y Amparo se dirigen a la
figura de su padre.
Mi gran deseo
es algún día llegar hasta Valencia y depositar en su tumba
un ramo de rosas rojas en su memoria. También poder conocer
a su esposa e hijas y hacerles llegar mis respetos hacia
ellas, ya que realmente me pongo en su lugar y son dignas de
todo mi respeto y admiración.
Hasta aquí,
humildemente, he querido compartir este pequeño homenaje con
toda la gente que lee esta página. Lo he hecho con todo el
respeto del mundo hacia mi gran ídolo y su familia.
Nino está
conmigo desde muy pequeña y seguirá estando por el resto de
mi vida. Siempre le digo a mi familia que si los cielos de
Argentina y España están unidos, mi deseo el día que tenga
que partir de este mundo es ir caminando por una nube y
encontrarme a Nino. Así puedo cumplir el deseo de verle y
posiblemente pedirle el autógrafo que nunca pude. Y… ¿por
qué no? Sentarme a hablar con él…
Nino, fuiste
lo más grande sobre esta tierra. Aquí va mi humilde homenaje
a 31 años de tu muerte.
Mi
agradecimiento total a Vicente López y Jacobo (Marco
Antonio), amigos de Nino, Francisco Zanón y Alberto Sales, y
a mi amigo Marcelo Pastore.