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Hemeroteca de Nino Bravo
Mundo Joven, 14 de julio de 1973
El éxito que
Nino Bravo no pudo ver
"América,
América": Número uno
en todas
las listas
Cuando
a la muerte del gran Otis Redding, sus discos editados post
mortem subían como la espuma en todos los hits parade del
mundo, la gente comentaba la gran fuerza interpretativa y la
gran calidad de Otis como un producto fuera de lo normal. El
fenómeno pasó y la gente lo fue olvidando, pero cuando se
hablaba de hechos curiosos, no faltaba quien traía a la
memoria lo ocurrido con la discografía de Redding. Y lo
mismo ocurrió con Manis Joplin, Jimi Hendrix o Jim Morrison.
Pero no era algo insólito. Ya pasaba con los viejos discos
de los viejos pioneros del rock. O con las baladas estilo
Bing Crosby.
Y ahora en España tenemos un caso similar. El caso de Luis
Manuel Ferry. De Nino Bravo, para los discófilos y
musicales.
La acción ya se remonta a un tema, "libre". Cuando empezaba
a subir en nuestras listas, la tan repentina como sentida
muerte de Nino amenazaba cortar su triunfal camino hacia el
primer puesto. Pero no fue así.
A la sombra de su gran interprete “Libre” siguió subiendo
rápido y sin tacha hacia el numero uno, que, para que no
hubiera lugar a dudas, obtuvo en todas las listas del país.
LA CANCIÓN QUE SE
CONVIERTE EN SÍMBOLO
Varias veces había promulgado Nino que su palabra favorita
era “libertad”. Cuando el disco apareció en el mercado, la
gente lo asoció con esto, y creía ver en el tema algo
autobiográfico del intérprete.
Cuando a todos los sacudió la noticia de su adiós, más de
uno comento:
- Ahora Nino ya es libre de verdad.
Y puede que así sea. Me lo imagino. Con una sonrisa tímida
entre los labios. Como él la ponía. Con una sonrisa tímida y
un poco nostálgica, por lo mucho que quería en esta tierra y
tenia que dejar.
“Libre” subió al primer lugar.
Nadie le puso el menor “pero”. Todo el mundo coincidió –cosa
rara en nuestro país- en observar que era el “numero uno”.
Nuestro interprete más valioso y con mayor porvenir.
Un famoso pintor, a propósito de sus obras, comentó que
ningún pintor vende tanto ni alcanzan sus cuadros los
precios desorbitantes a que se cotizan como cuando muere y
su obra creadora se acaba.
Puede que con Nino haya pasado lo mismo. Cuando estaba entre
nosotros, se le
volvió más de una espalda y se le cerró más de una puerta.
Esas espaldas y esas puertas que ahora darían cualquier cosa
por volver a voltearse y abrirse si él estuviera enfrente.
Ironías.
UN CANTANTE FUERA DE “HISTORIAS” Y FALSAS SONRISAS
Hay que recalcar la forma de trabajar de Nino. Nunca se
sirvió de falsos “affaires” ni de sonrisas de lobo para
conquistar algo. Todo lo ganó a propio pulso y a golpes de
corazón. Y de esfuerzo diario.
Recuerdo su respuesta una vez que le pregunté:
- ¿Ahora que estas arriba que piensas hacer?
-¿Hacer?....¡Todo! Ahora tengo que trabajar más, por que
tengo más r esponsabilidades.
La gente me exige cada día más, y tengo que cuidar de una
familia. Además, pobre de aquel que se crea que ha llegado
arriba del todo. Yo pienso que estoy a medio camino, y tengo
que seguir luchando, como siempre lo hice.
Ahora se comprende mucho mejor ese éxito “a posteriori” de
“libre”, que, además de ser una gran canción y de estar
magníficamente interpretada, era el éxito reconocido ante
todos y por todos del trabajo incansable de Nino Bravo.
“AMÉRICA, AMÉRICA”, LA HISTORIA QUE SE REPITE
Pero no todo acabó ahí.
Entre el material que había dejado listo para publicarse
estaba un “sencillo” que contenía una canción de José Luis
Armenteros y Pablo Herrero: “América, América”, para empezar
batió todos los records en nuestro país en cuanto a
expectación y pedidos adelantados de discos se refiere. Todo
el mundo comentaba la nueva canción de Nino Bravo antes de
conocerla. Y todo el mundo apostaba que sería una gran
canción y un gran éxito. Y así es.
NÚMERO UNO
Desde sus comienzos, “América, América” llevaba el marchamo
de éxito. Su salida al mercado fue fulgurante y el tema
salió catapultado hacia los primeros lugares.
Apenas tres semanas le ha costado subir al primer puesto, y
en el momento que estoy redactado estas líneas, “América,
América” ocupa el primer lugar absoluto de todas las listas
del país y lleva el camino de hacer lo mismo en las listas
sudamericanas. Igual que había ocurrido con el anterior
“Libre”.
De colocarse en los diez primeros puestos de salida, ha
pasado a subir escalón a escalón y paso a paso, con fuerza
irresistible, hasta el lugar de privilegio que hoy ocupa. Y
que, a juzgar por las apariencias, ocupará bastante tiempo.
Era también un título y una canción de homenaje a la tierra
que con tanto cariño le acogió: Sudamérica. En ella, Nino
supo saborear las mieles del triunfo gala tras gala. Su
mérito y su clase le fueron reconocidos. Venezuela, Costa
Rica, Colo mbia,
podían hablar de ello. Sin olvidar su triunfo en el
dificilísimo Festival de Río. Triunfó por clase. Porque Nino
era lo suficiente realista para saber que tendría que
ganarse de esta manera aquello que nadie estaba dispuesto a
regalarle. Pero la primera batalla ya la había ganado antes
de dejarnos.
LA VERDAD DEL RECONOCIMIENTO DE SUS MÉRITOS
Todo el mundo se volcó en elogios para con él a raíz de la
noticia. Pero no todo el mundo decía los mismo cuando estaba
presente. Más de una vez y más de dos se le escamoteó el
elogio que tan justamente se había ganado. Nadie o muy pocos
se desplazaron a una de sus muchas galas para verle y
comentarlo. Aunque tampoco nadie o muy pocos se atrevieron a
poner en tela de juicio sus valores.
El verdadero montón de “ídolos” prefabricados y manejados
por la mano de un empresario tenían en Nino su más grande
réplica y su camino a imitar para ser alguien por propios
méritos.
Y tuvo que acabar de convencer de una manera suprema.
FUERA DE SENTIMENTALISMOS
No cabe duda que una parte del éxito de “América, América”
se debe a las circunstancias del disco. Esto es natural
reconocerlo. Pero no creo que nadie dude de que si a Nino
Bravo se le hubieran reconocido los méritos que le
concedieron después y que siempre tuvo, “América, América”
hubiera llegado al puesto que hoy ocupa.
Con esto vengo a significar que, al igual que Jimi Hendrix,
Otis Redding o Janis Joplin, los discos "post mortem" de
Nino Bravo han alcanzado el primer lugar por méritos
propios. Por la clase extraordinaria del intérprete.
Habrá, no obstante, quien alegue que su disco llegó ahí por
un sentimentalismo reprimido de sus seguidores. Está
equivocado. Equivocado totalmente. Un disco puede tener una
expectación grande si le rodean circunstancias de esta
clase, pero lo que no puede hacer es llegar al número uno y
mantenerse si no tiene verdadera clase. No dudo que sus
ventas alcanzarán una cifra “aprovechable”, pero de ahí a
llegar al primer lugar de todas las listas, va mucho camino.
Nino Bravo lo ha realizado, gracias a su intachable
profesionalidad. El reconocimiento público de su gran
categoría. Muy pocos podrán decir lo mismo.
Y en el fondo, si logra quitarse esa espesa capa de modestia
que adornaba su actos, todos, no dudo que exclamará para si
mismo:
-Al fin. Lo merecía.
Escribe: E. Miguel de
Caso
Fotos: Pedro A. Martínez Parra
Material
cedido por José Luis García
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