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Hemeroteca de Nino Bravo
Las Provincias, 29 de noviembre de 1990
Nino
Bravo, la leyenda continúa
Se edita un disco
con treinta éxitos originales
El disco se llama sencillamente "Nino", con la
familiaridad que se otorga a un viejo amigo, querido y
recordado. Un doble álbum con "treinta grandes éxitos
originales". No todas las canciones fueron éxito en su
momento, mas todas lo han sido posteriormente. Nino Bravo
fue, hasta 1973, un ídolo fulgurante. En tan sólo tres años
se forjó una meteórica carrera que se detuvo bruscamente en
una curva de Tarancón, el 16 de abril del mismo año.
Desaparecía el ídolo y comenzaba el mito. Su éxito póstumo,
"América", fue tan sólo el inicio de una constante evocación
a su obra y su vida. La más importante y ambiciosa se
presenta en este disco que recoge sus treinta mejores
canciones, grabadas originalmente en tan sólo tres años, los
tres años en que la voz de Nino Bravo sacudió al pop
español.
Nacido en Ayelo de Malferit, Luis Manuel Ferri Llopis
tuvo que esperar hasta los veinticinco años para
introducirse en el mundo del disco. Antes, tuvo que trabajar
en un taller de joyería, formar una rondalla, en la que ya
ejercía de voz solista, crear su primer grupo, Los
Hispánicos, y, finalmente, tras ganar un concurso en una
radio local, fundar el quinteto conocido como Los
Superson. Los principios fueron especialmente duros.
Nino tuvo que abandonar temporalmente el grupo cuando su
padre fue trasladado a Carcagente, y no regresó hasta que
tomó la firme decisión de abandonar el taller de joyería y
luchar por sus sueños. Una nueva crisis, a los veintitrés
años, volvió a apartarle del mundo de la música para, en un
arranque de "sensatez", aceptar un puesto de
administrativo en una empresa valenciana.
Pero el destino quiso a Nino Bravo en la música,
por lo que le hizo toparse con Miguel Siurán, que se
convirtió en su mánager, y le dio el nombre artístico, algo
que, al principio, no le hizo demasiada gracia al cantante.
Y es que Nino siempre fue reacio a los modos y costumbres de
la industria del disco. Dicen que ésa fue una de las causas
por las que tardó tanto en triunfar.
El debut oficial de Nino Bravo tuvo lugar en el
festival de Vall de Uxó, en verano del 68, cantando "Canzone
per te", el tema que había vencido en el festival de San
Remo. No pasó nada, pero sirvió de experiencia para la
presentación oficial del artista en el teatro Principal, el
16 de marzo de 1969. Perdieron hasta la camisa, pero el
éxito artístico fue notable: Nino nacía para los
valencianos. Y de aquí hasta Madrid, donde fueron
despreciados por la RCA, y descubiertos por Fonogram, con la
que Nino firmó por cinco años, y recibió veinte mil pesetas
como adelanto de "royalties".
Al ser Manuel Alejandro su primer compositor no se
pudo evitar la comparación con Raphael. Así que la pareja
dura poco. En 1970, Augusto Algueró le escribe "Te
quiero, te quiero", con la que Nino Bravo
consigue, por fin, el éxito y reconocimiento. Tenía
veinticinco años, y había luchado lo indecible. Después
llegarían "Noelia", "Mi tierra", y otras
canciones de Juan Carlos Calderón y, finalmente,
José Luis Armenteros y Pablo Herrero, que
coincide con el momento de máximo esplendor de Nino:
"Libre", "Un beso y una flor", "América"...
Nino Bravo se convirtió en una estrella
indiscutible de la música ligera española. Su voz, su fuerza
y su carisma era inusual. Con el tiempo las cosas se ven con
más claridad, y es obvio que, en tan sólo tres años, el
valenciano descubrió una nueva forma de cantar, creó una
escuela cuyos discípulos siguen proliferando y reconociendo,
sin rubor, al maestro. El accidente de Tarancón, cuando
Nino Bravo viajaba a Madrid para producir al grupo
Humo, significó una tragedia nacional: fue la muerte del
artista y el nacimiento de una leyenda.
Este disco es una nueva evocación a la carrera de un
cantante que sigue gustando a propios y extraños. Hasta la
gente más joven, adicta a otras propuestas musicales bien
diferentes, ponen cara de respeto cuando se les menciona a
Nino Bravo. "Es que Nino era diferente..."
Arturo Blay
Material
cedido por Patricia Provenzano
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