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Hemeroteca de Nino Bravo

 

Las Provincias, 16 de abril de 1995

Hace 22 años que murió el gran

'crooner', Nino Bravo

 

En abril de 1973 murió el cantante Nino Bravo, pero no su voz. Desde entonces, un mal día y un mal fario, no ha dejado de ser recordado insistentemente, una y otra vez, con la morbosidad inherente a la desaparición a destiempo que deja secuelas múltiples en el entorno íntimo del ausente y del mundo restante. A partir de aquel maldito día, comenzó de manera harto plañidera la mitificación del ídolo , del héroe.

 

   Valencia, a finales de los 60 necesitaba nuevos ídolos, nuevas voces. Bruno Lomas se había desgastado en exceso por el mismo paso del tiempo y por las convulsiones aceleradas de sus biorritmos que no le dejaban estar quieto un sólo instante. Pero en el horizonte no se barruntaba ningún sustituto capaz de ilusionar el ambiente musical de la ciudad, de siempre proclive al ídolo que con su magnetismo y voz, encandilara a miles de fans en los macroconciertos de la plaza de toros de la calle Játiva.
   Los "crooners" habían pasado de moda muchísimos años atrás, pero la misma insistencia en lo "beat", el nuevo artilugio del "grupo musical" como fórmula usada durante casi diez años, tenía al público cansado de idéntico ripio sonoro. Guitarreo a espuertas. La décadas prodigiosa tocaba a su fin, y con ella, también toda la parafernalia de grupos españoles inspirados por la revolución rítmica que había llegado de Inglaterra y EEUU. Se imponía un cambio radical. Los conjuntos fatigaban. De pronto, como una premonición, la señal llegó de Inglaterra con la magia de tres nombres, tres presencias, tres voces que arrollaron con fuerza de tifón: Tom Jones, Engelbert Humperdinck y Matt Monro.
   Enseguida, la industria del disco pensó en buscarle epígonos ibéricos, y fue de ahí, de esa fricción obligada por las circunstancias donde surge la figura heroica de Nino Bravo. Su voz, bella voz, potente, lírica y por supuesto atenorada, le viene como anillo al dedo a una industria huérfana de "voces" de verdad. Ya se sabe, las voces rockeras, brincos o dúos, apenas gaseoseando con sus bramiditos light para noches de blanco satén, pero la electrónica les salvaba la vida en el último momento con la política de enchufes dominante.
   No tardó demasiado Nino en darse cuenta de que tenía a su disposición todo un lugar desértico donde no había competencia a temer. Jaime Morey tenía una tonalidad similar, pero nada metálica, más bien arenosa y había perdido fuerza por adocenamiento. No hay nada peor para una voz que la falta de eco, o sea, de éxito. En manos de mánagers locales Nino no tardó en encontrar compañía dispuesta a respaldar sus epopeyas líricas a todo pulmón y de ahí, surgió un primer contrato, primer compositor: Manuel Alejandro, que entonces había reñido con su hermano del alma Raphael.
   Entregó a Nino, vivita y coleando, una maravillosa canción por entonces incomprendida pero que el tiempo ha aupado en volandas: "Como todos". La letra no le iba nada a Nino que lo tenía todo, y más que nada "normalidad". En ella sonaban ecos del divo de Linares; protesta por el latoso incomodo de no poder ser "normal", como tú, como aquel, y de paso, alcanzar felicidad. En realidad, desde la perspectiva de hoy se puede interpretar que Alejandro y Nino no estaban llamados a entenderse. El del gaditano y el valenciano, eran dos mundos opuestos, dos universos con poco o nada común. Al menos, en apariencia.
   Cuando Nino triunfa con "Te quiero, te quiero", compuesta por Algueró y de León, se abre ante él un horizonte poco antes inimaginable. Ha saltado la chispa cuando menos se esperaba. Después del fogueo que supuso su intervención en "Pasaporte a Dublín", los grandes autores españoles están dispuestos a sustituir a Manuel Alejandro. Algueró, desde luego, hace años que no escribe una canción que alcance un éxito popular semejante, y su colaboración con el cantante valenciano, a partir de entonces, será constante. Es un suministrador fijo de temas para Bravo.
   Sin embargo, la historia musical de Nino Bravo va a girar obsesivamente alrededor de la feliz pareja de compositores, Pablo Herrero y José Luis Armenteros, ex-miembros del grupo "Los Relámpagos". Ellos se dan cuenta de la textura épica de su carácter y la trabajan a fondo. Y ponen en circulación sus grandes hits, los más grandilocuentes cierto, pero también los que más inciden en resaltar el carácter heroico de Nino que encaja de maravilla con las propuestas de los 70, que miran hacia un horizonte nuevo y mejor. Aunque Nino ya no podría verlo, los temas "Un beso y una flor" y "Libre" se convertirían en auténticos himnos coreados por miles de manifestantes, incluso allende mares.
   Es de esa manera como se codifican el poliédrico temario de su repertorio. Las hay existenciales, "Como todos"; de amor, "Te quiero, te quiero", "Noelia"; y canciones épicas que tienen como principio la exaltación de valores básicos del individuo que puede identificarse con ellas desde cualuquier parámetro geográfico, como "América, América", "Mi tierra" y las antes citadas, que son exaltaciones de gran influjo moral, capaces de emocionar y conmover a las masas, que corean sus estrofas desde perspectivas poco menos que impensables meses antes. Sin duda, la muerte de Nino las catapultó hacia horizontes impensados por él mismo, añadiendo de forma rotunda un carácter entre sublime y epopéyico, como resumen y compendio de lo mejor que impulse al ser humano.

 

La bondad desarmante de Nino, "la voz"
Muchas veces, desde ópticas diversas, se ha tratado de buscar tres pies al gato a la vida, canciones y muerte de Nino Bravo, intentado buscar un melodrama útil a la narración, apócrifa, tan mórbida y mítica a un tiempo. O sea, esdrújula. Y nada, no ha habido manera. Todo en su vida aparece lineal, sencillo, nítido y noble, como sus canciones. Al menos que exista un rincón secreto donde nadie ha sido capaz de penetrar. Pero en ese caso utópico, hay que decir que nadie ha encontrado una sóla mancha, una sola perversidad o caída. La hoja de servicios artística y humana de Nino, aparece inmaculada. En blanco. Reluciente como una patena.
   En Ayelo, se han cansado de repetir, una y otra vez, que era un chico excelente, educado, respetuoso, cortés, trabajador, formal y serio. Lo que se dice un hombre maduro antes de tiempo, cuando se sabe que a los jovencitos les cuesta lo indecible conseguirlo. En seguida llega a Valencia y encuentra a sus primeros apoyos para caminar hacia el estrellato donde tampoco ha de verse con buitres que le tiendan celadas donde caer atrapado y salir con heridas del trance. Triunfa casi en seguida, aunque con esfuerzo. Se casa en seguida. Tiene hijos muy pronto. No es un mariposón que va de flor en flor aprovechándose de la fama para ligar a diestro y siniestro (como otros). Todo el mundo habla bien de él, tanto los compositores como los compañeros de profesión. Sin embargo, la muerte no resulta tan complaciente con él y se atraviesa en el camino cuando apenas había comenzado su fulgurante carrera. Algo no iba bien.
   De ahí la leyenda de que la muerte siempre se lleva a los mejores. No es tonta. De todo este rosario de azares personales, la figura, la imagen de Nino sale mitificada o santificada. Bruno, se sabe, siempre resultó evidente, supo ser chico malo siempre y cuando le vino en gana. Y otros, también han hecho suficientes pillerías como para que nadie llore contínuamente por su destino artístico o personal...; sin embargo, Nino Bravo en seguida se convirtió en la estrella e inspiración donde se miraron muchos jóvenes valencianos que durante estos últimos 22 años han querido resucitar la alegría bondadosa de su voz cabal y ennoblecer los espíritus como sólo él supo hacerlo. De suvoz nacía una plegaria encendida, capaz de henchir los corazones hacia una épica mejor, donde el mundo, América, los seres humanos y su tierra misma, saldrían bienparadas, con un beso y una flor como insignias y estandarte. Herrero y Armenteros supieron entender ese lado cabal de Nino y lo utilizaron a fondo, de manera insistente. 
 

Julio Melgar

 

 

"Un beso y una flor", web de Nino Bravo - http://www.ninobravo.net - dario@ninobravo.net
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