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Hemeroteca de Nino Bravo
Polydor, 1980
La obra
de Nino Bravo
Nota: Este reportaje
apareció originalmente en la revista 'Semana', en
cuatro entregas semanales de mayo de 1973, con el título de
'Triunfo y tragedia de Nino Bravo'. Siete años más
tarde, y con motivo de la reedición completa de la obra de
Nino Bravo, Polydor reunió los cuatro capítulos en uno, que
distribuyó promocionalmente.
Ha
enmudecido para siempre la voz de Nino Bravo, pero no sus
ecos. Apuesto a que sus discos, con ese medio centenar de
canciones que tenía grabadas, se escucharán durante mucho
tiempo. No creo que vayamos a olvidarle, con esa terrible
facilidad de siempre. De hecho, muchos de sus microsurcos ya
han desaparecido del "stock" de las tiendas discográficas.
Sus seguidores, y los que no lo fueron también,
coleccionarán en el recuerdo el estilo y la voz de uno de
nuestros más personales y honestos intérpretes de la canción
ligera, muerto cuando la fama empezaba a consolidarle
artística y económicamente.
Y si su trayectoria musical es limpia en éxitos, merece
igualmente conocerse su identidad humana. Es lo que
trataremos de plasmar en esta serie, escrita con cierto
rigor cronológico, buscando la anécdota fugaz, el apunte
biográfico, desde su infancia, los inicios de su carrera en
plena adolescencia, el boceto psicológico del hombre tejido
con cierta emoción.
He aquí el arranque del triunfo y tragedia de Nino
Bravo.
La pandilla de la calle Sagunto
Todos saben que
Nino Bravo era un seudónimo artístico, cuyo origen lo
explicaremos oportunamente. En realidad su nombre y
apellidos verdaderos eran Luis Manuel Ferri Llopis, nacido
en la localidad valenciana de Ayelo de Malferit.
Tendría Luis
Manuel tres o cuatro años de vida cuando su familia se
trasladó a vivir a Valencia, en busca de mejores rumbos. El
padre, también llamado Luis Manuel, inspector de una
compañía de seguros, buscaba nuevos aires para la economía
de la casa.
El pequeño
Luis Manuel comenzó a ir a la escuela de párvulos y
posteriormente a diversos colegios. Pero su mundo estaba
anclado en la calle Visitación, número 31, su casa del
barrio de Sagunto, y en los aledaños, donde pronto hizo
amigos, aunque al principio le costara algún trabajo porque
siempre fue un niño tímido y apocado.
Teniendo nueve años conoció al que sería su mejor amigo,
entrañable compañero, el alicantino Vicente López, que tanta
influencia tendría años después en su carrera de cantante.
Con Vicente y otros chicos del barrio formaron una pandilla,
que duraría varios años. Tiempos de correrías, anhelos,
ambiciones, mientras Luis Manuel estudiaba. Creo que llegó a
cursar hasta el cuarto año y reválida de Bachillerato
Elemental.
Una excursión
cantando a Modugno
No siempre es
fácil precisar cuándo nace una vocación. Ningún artista sabe
a ciencia cierta, en la mayoría de los casos, en qué momento
sintió la llamada definitiva. En el caso de Luis Manuel -así
le seguiremos llamando hasta que sea conocido como Nino
Bravo- sabemos que desde chico cantaba por lo bajinis, como
todo el mundo, siguiendo además la rica tradición musical de
su región valenciana. No había, de todas formas, en su
familia muchos antecedentes musicales. Una abuela suya
parece que llegó a destacar en el ámbito regional como voz
lírica y un tío suyo tocaba el trombón en una de
las muchísimas bandas de música levantinas.
El recuerdo más próximo que tenemos al punto de partida
de la vocación de Luis Manuel Ferri como cantante nace en
una excursión que hizo cuando contaba catorce años.
Luis Manuel iba con otros dos buenos amigos: el ya citado
Vicente López, que empezaba también a interesarse por la
música moderna, y Paquito Ramón, que era muy deportista y
les había animado a realizar aquella excursión, llevando a
las espaldas las correspondientes mochilas y una tienda
de campaña.
Acamparon con el optimismo lógico en una excursión y se
levantaron temprano, al amanecer. Vicente y Paquito buscaron
a Luis Manuel, todavía desperezándose, y lo encontraron unos
metros más allá de la tienda, subido sobre una peña y
cantando una melodía entonces de moda, del "crooner"
de aquellos años de auge de la canción italiana, Domenico
Modugno: "Libero". Los amigos de Luis Manuel se quedaron
admirados con aquella voz potente, para ellos casi
desconocida, con un fondo no precisamente cursi, aunque
desde luego romántico, entre pajarillos trinando cuando se
levantaba la mañana, al aire libre de un día de campo, donde
posiblemente nació la voz del futuro ídolo Nino Bravo.
Inmediatamente después de escucharle a pleno pulmón,
Vicente y Paquito le dijeron que, con esas facultades, debía
tomar, pero que muy en serio, la canción. Luis Manuel, con
esa timidez suya tan característica, bajó la cabeza como si
se le hubiera subido el pavo y quitó importancia a los
cálidos elogios de sus amigos. Pero bien sabía él, en su
fuero interno, que había cantado con enorme sentimiento, que
le gustaba aquello, repetir una canción de moda sintiendo
sus palabras desde el fondo del corazón, con ayuda de su ya
entonces portentosa garganta.
La anécdota relatada nos sirve para encauzarle
definitivamente por los senderos de la música ligera.

Aprendiz de joyero
Luis Manuel tuvo
que abandonar los estudios. Era un estudiante regular, como
muchos chicos que a esa edad de los catorce años ignoran el
necesario sacrificio de los libros de texto y su posterior
importancia. También influyó en que cortara el Bachillerato
la situación familiar. En casa, una familia de clase media,
hacían falta otras manos que ayudaran a los gastos del mes.
Consuelo, su madre, regentaba por aquellos años una tienda
de comestibles que le habían traspasado unos familiares, en
la que también ayudaba el chico haciendo recados o
despachando a las vecinas de la calle Visitación, pesando
unos gramos de sal o sirviendo una pastilla de chocolate. Y
lo mismo que Luis Manuel, su hermana Consuelito.
Pero no iba a convertirse el día de mañana en tendero.
Sus padres miraron por el porvenir de Luis Manuel y
quisieron orientarle hacia un oficio serio que le fuera
rentable para el futuro. Entre unos y otros pensaron que
podía aprender el oficio de joyero. Tenía Luis Manuel 15
años cumplidos cuando entró en una joyería cercana al jardín
Botánico de Valencia, frente a las Torres de Cuarte. Él y su
fiel amigo, Vicente, hacían juntos el camino y hablaban de
muchas cosas, entre ellas de las canciones de moda. Lejana
estaba aún la idea de dedicarse profesionalmente a la
canción. Luis Manuel tomó con seriedad y ahínco su nuevo
trabajo que podría convertirle algún día en un prestigioso
joyero.
No le iba mal el empleo porque el dueño, de aprendiz, le
pasó a pulir diamantes, trabajo que requiere mayor atención
en este ramo de la orfebrería, por ser delicado y peligroso.
Adelantó en esas tareas a otros tres compañeros y se destacó
rápidamente en la tarea que le habían encomendado sus
superiores.
De las rondallas
al primer grupo musical

Ya lo hemos
dicho: con cierta afición musical, en Levante es fácil
enrolarse enseguida en algún grupo o rondalla. Luis Manuel y
Vicente López siguieron conservando una buena amistad y
comenzaron a hablar de proyectos, con la idea de formar
parte de algún conjunto de música moderna. Lo primero fue
reunir a unos cuantos amigos y organizar una rondalla de
tunos con la que interpretar las clásicas canciones de
alegría estudiantil y dedicarlas a las jovencitas. Luis
Manuel tocaba entonces algo la guitarra pero su papel en la
rondalla era llevar la voz cantante -y nunca mejor dicho-
como solista. El repertorio iba desde "Clavelitos" al viejo
éxito de Los Platters, "Only you".Una canción que entonces
hacía furor era "La novia", de Joaquín Prieto, lanzada por
su hermano Antonio. Luis Manuel en seguida la acaparó para
su original y contradictorio listín de melodías, en las que
se combinaban pasacalles y ritmos lentos. Sus amigos,
pulsando las guitarras, no eran precisamente muy ortodoxos y
sólo dominaban acordes en "la" mayor. Luis Manuel, que
siempre tuvo buen oído e intuición musical, les recriminaba
cariñosamente cuando estaba a punto de arrancar con su
torrente de voz:
-Parece que no me dáis bien los tonos...
Aquellas improvisadas rondallas darían paso, al calor de
la amistad, al primer conjunto musical en que formó parte
Luis Manuel Ferri. Le pusieron un nombre rotundamente
español: Los Hispánicos. Y empezaron a actuar en la barriada
de Sagunto, con cierta complacencia de las niñas
quinceañeras, hecho que no pasó inadvertido para los
rectores de la junta fallera del distrito que los contrató
para la primera actuación en serio de su entonces cortísima
vida musical.
Aquella presentación en la falla del barrio tuvo lugar en
el templete instalado frente al típico y popular Miguelete
de la capital valenciana, y allí, Luis Manuel, con sus dos
guitarras acompañantes, el rimbombante trío Los Hispánicos,
se recrearon con un tema bien conocido de Cole Porter, "I
love Paris", y otro más cercano, de sabor tropical:
"Moliendo café". La voz bien impostada de Luis Manuel hizo
estragos entre la juventud femenina del barrio de Sagunto.
Los mayores se percataron igualmente del joven
descubrimiento musical, repitiendo: "Canta bien este chico".
Luis Manuel, el "xiquet de la terreta", había cantado muy
requetebién ante su parroquia, un auditorio de cientos de
personas que aplaudieron al trío, y en particular a su
cantante, con mucho calor.
Los
Superson
Luis Manuel
seguía trabajando en la joyería a gusto del patrón, pero,
aunque cada vez aprendía más en el oficio, le había entrado
muy fuerte el venenillo de la canción, sobre todo tras
recordar aquellos aplausos de la plaza del Miguelete. Él, y
otra vez su amigo Vicente, se convencieron de que había que
ensayar más y más para que Los Hispánicos fueran conocidos
fuera de la esfera del barrio, en toda Valencia.
Enfebrecidos, ilusionados, encontraron en la planta baja de
la casa de la calle Visitación, junto al patio, un lugar
excelente para repasar acordes de guitarra y montar sus
versiones de éxitos del momento, como "Nata per me", "Julia"
y ese super-requeteoído "Only you", que les traía
suerte. Llevaban toda clase de canciones en el repertorio,
alegres y tristonas, pero las que mejor iban a la tesitura
vocal de Luis Manuel y a su forma de ser, eran las
profundas, aquellas que contenían una letra más inspirada
siguiendo la línea melódica, donde él lucía sus condiciones
vocales y entonaba un do de pecho espectacular y no por ello
menos convincente. Quizá por aquella inclinación, el
repertorio de Domenico Modugno era el preferido por Luis
Manuel. A Modugno le admiraba con todas sus fuerzas porque,
según él, cantaba con toda su alma unas letras sentidas y
pensadas con el corazón.
La televisión estaba aún lejos de las aspiraciones
musicales de Los Hispánicos. Y los discos, no digamos. Así
es que se contentaron con recorrer las emisoras locales. Se
enteraron de un concurso de noveles a escala nacional,
"Fiesta en España"; se presentaron... ¡y salieron
vencedores! Y para que quede recalcado una vez más que Los
Platters les traían cada vez mejor fortuna, el tema con el
que resultaron triunfadores fue "Only you".
Pero Los Hispánicos, por esas cosas de la vida,
terminaron por tirarse los trastos a la cabeza, seguramente
no en sentido literal, pero no por eso menos cierto. Porque
discutieron y pensaron que lo mejor era disolver el grupo.
Entre un tal Saturnino Laredo y el nuevamente recordado
Vicente López combinaron con Luis Manuel Ferri para formar
un conjunto con mayores ambiciones. Si Los Hispánicos ya
eran conocidos en Valencia el nuevo grupo debía escalar, al
principio, toda la región levantina. Pero, ¡oh, fatalidad!
Aquel grupo, que se llamaría Los Superson, y que figuraba
también otras veces como Los Supperson, con otra "p" de
contrabando, se quedó sin solista, sin el concurso de Luis
Manuel, porque éste y su familia tuvieron que trasladarse a
la vecina localidad de Carcagente, donde el padre del futuro
ídolo tenía a su cargo, en la firma de seguros, toda la zona
de representación. Lo de Carcagente impidió que Los Superson
contaran, como queda dicho, con la espléndida voz de Luis
Manuel. Pero el cantante que contrataron se les fue por
donde había llegado y Vicente López fue a hablar con Luis
Manuel, a rogarle que era preciso que fuera con ellos de
solista.
Entonces, Luis Manuel dejó la joyería y se embarcó en la
aventura musical con Los Superson, que eran Pepe Yuesa a la
guitarra solista, Vicente, órgano; Salvador, con la batería,
y Vicente López con la guitarra de acompañamiento. El
cuarteto y Luis Manuel, micrófono en mano y con su chorro de
voz, hicieron estragos en la región, porque gustaban allí
donde actuaban. Esos ecos les proporcionaron un sustancioso
contrato de seis meses en Benidorm. Las suecas se divertían
mucho escuchando las melodías del grupo y se fijaban mucho
más, como es lógico, en la voz de aquel chico, entonces nada
corpulento, de mediana estatura, nariz aguileña y flequillo
bailándole en la frente, llamado Luis Manuel. Firmaban
autógrafos a porrillo y vivían, en lo que cabe, con algunos
duros de sobra en los bolsillos. Se acabó el verano y
dejaron las suecas de Benidorm para volver a Valencia.
Actuaron durante un año en la Sociedad Hípica de Agricultura
e inauguraron el Hogar Ganadero. Los Superson eran lo
mejorcito entre los conjuntos valencianos. Luis Manuel, una
voz a tener muy en cuenta. Pero Los Superson volvieron a
quedarse sin su cantante por una larga temporada, porque
Luis Manuel Ferri Llopis fue llamado a filas. Le destinaron
a la Marina, en Cartagena. Y allí, en las horas de recreo,
el que posteriormente sería Nino Bravo, comenzó a darle
vueltas a una idea, a ver los pros y los contras de su
carrera de cantante, para escribir una carta a su amigo
Vicente López, en la que decía, poco más o menos, que lo
había pensado muy bien, que aquello de la música moderna, a
pesar de las "fans" y del dinerillo que ahorraban, no era
suficiente; que él nunca sería como Domenico Modugno; que...
¡tantas cosas, tantas desilusiones...! En definitiva: Luis
Manuel escribió: "No cantaré más".
Aquella carta de Luis Manuel Ferri a su amigo Vicente
López comunicándole que iba a retirarse de la canción,
parecía definitiva. Aquél la había escrito en un momento
depresivo. Eran, efectivamente, varios años los que llevaba
luchando en pos de una oportunidad, la que, por cierto,
había tenido... Pero es que Luis Manuel Ferri tenía un
carácter fuerte. Y, si no, sepan que cuando estaba con el
grupo Los Hispánicos tuvo una inmejorable ocasión para
grabar su primer disco, creo que con la firma Hispavox, una
de las más prestigiosas de nuestro país. Pero Luis Manuel
exigía que le acompañara también su grupo, y a la casa de
discos le interesaba únicamente él como solista. Y Luis
Manuel, fiel a un sentido elemental de la amistad, declinó
la oferta.
En una oficina
Volvió de
Cartagena a Valencia, tras cumplir el servicio militar. Con
veintitrés años cumplidos e ilusiones menguadas. Tanto que,
en vez de volver a la joyería donde años atrás había
trabajado a satisfacción de todos, y sin consultar a su
grupo musical, decidió buscarse un nuevo empleo en una
oficina. Él quería ser útil en la vida, sobre todo a sus
padres, y no encontró mejor cosa que aquella empresa donde
comenzó a prestar sus servicios en calidad de
administrativo.
Un mes estuvo trabajando en la oficina. Vicente López, su
amigo de siempre, el guitarra bajo de Los Superson, volvió a
la carga, a insistirle que era una locura abandonar la
música. Vicente fue quien desde un principio creyó en la voz
del futuro Nino Bravo.
Tanto le animó el citado Vicente, que Luis Manuel, en
aquella feria de julio valenciana del año 1968, abandonó sus
pensamientos de retirarse de la canción. Había que comenzar
de nuevo, pero con otras ideas. En un principio, Vicente
López le habló de la conveniencia de encontrar un buen "mánager".
Nace
artísticamente Nino Bravo
Vicente
López ya tenía en cartera la persona que había de ayudar
decisivamente a Luis Manuel. Se trataba de Miguel Siurán, un
joven dedicado activamente a la música moderna. En aquel
entonces prestaba sus servicios en Radio Popular de
Valencia, habíase ocupado de otro cantante levantino, Tony
Bernan, y pensaba editar -como así hizo posteriormente- una
revista musical de periodicidad quincenal, llamada "Mundo
Musical".
Vicente
se encargó de las presentaciones. Aquel día, Luis Manuel
llevó a Siurán unos cuantos discos de Tom Jones.
-Este
es el estilo que ahora se lleva -dijo Luis Manuel- y es el
que yo quiero lanzar con mi voz en España.
No era nada fácil. El Tigre, el creador de "Delilah",
estaba en pleno apogeo. Las segundas versiones siempre son
malas. Siurán recapacitó. No había tampoco, en la región
valenciana, muchos nombres a tener en cuenta, excepción
hecha de Bruno Lomas. Así que terminó por aceptar. Siurán se
hizo cargo de las actividades artísticas de Luis Manuel.
Había que trabajar mucho, empezando por buscarle un
seudónimo artístico, crear una imagen y lanzarle al
estrellato.
Luis Manuel tenía ya una "peña" en su barrio de Sagunto,
en un bar de la calle Visitación. Y entre los amigos había
uno al que llamaban Nino. Además, entonces estaban en boga
los nombres italianos, y Nino podía ser un buen reclamo.
Siurán pensó en seguida que Nino "pegaría" bien, aunque le
pareció insuficiente. Y encontró pronto un apellido: Bravo.
El porqué del segundo apelativo es fácil de explicar. Bravo
correspondía a la fuerza de su voz, a la energía. Siurán
eligió este nombre después de rechazar otro que le
propusieron, el de Tony Roma, que resultaba anticuado y
cursi. Pero a Luis Manuel no le pareció bien al principio
llamarse para el arte Nino Bravo. Y en seguida comenzaron a
inventar chistes con el nombrecito de marras.
Al día siguiente del "bautismo" musical de Siurán, Luis
Manuel volvió a la oficina de éste. Y dijo poco más o menos:
-De acuerdo. Seré Nino Bravo.
Al reflejar esta anécdota totalmente cierta, dejamos
invalidada la versión que ha circulado estos días, difundida
por casi la totalidad de los medios informativos que se han
ocupado de la muerte de Nino Bravo, indicando que el nombre
artístico de éste fue producto de la frase de un italiano,
amigo de la familia, que al escuchar su voz dijo "¡Bravo
nino!", "Bravo", como exclamación y "nino", pronunciado sin
eñe, como si fuera "niño". Tal cosa es incierta y no
corresponde a la realidad. Fue Miguel Siurán el "culpable"
de que Luis Manuel Ferri se convirtiera en Nino Bravo.
Su primer
festival
Nino Bravo
ensayaba todos los días en Catarroja, donde vivía con sus
padres, pero se iba a Valencia, al despacho de Siurán, para
ver cómo iba a ser su lanzamiento como solista.
Otra de las cosas que primeramente estudió Siurán acerca
de su pupilo -con quien, por cierto, no firmó ningún tipo de
documento como poderdante, ni público ni privado- fue la
vestimenta. Nino vestía entonces no precisamente como un "dandy",
ni tan siquiera como un joven a la hora de la moda. Llevaba
un atuendo a su manera, en el que destacaba un pañuelo de
chillones colores sobre el cuello, que le otorgaba un aire
chulesco.
Siurán se ocupó, puesto que él sólo sería su "mánager" y
mentor, de encontrarle un representante que atendiera
personalmente sus contratos. El representante, de quien sólo
tenemos como detalle personal que era invidente, comenzó a
gestionarle esos ansiados contratos, cifrados en 8.000
pesetas por actuación.
Nino Bravo parecía contento. En su repertorio, tal y como
deseaba, llevaba las canciones de Tom Jones, Engelbert
Humperdinck y John Rowles, sus ídolos máximos, a los que
imitaba en cierto modo. Y el tono de voz de Nino era
bastante parecido al de ellos, con las consabidas distancias
de estilo.
A finales del verano de 1968, tras cumplir una serie de
galas, Nino Bravo participó en el Festival de Vall de Uxó,
en Castellón. Aunque ya había tomado parte en otros
certámenes para noveles, éste era prácticamente su debut en
un concurso de canciones de mayor identidad e importancia.
Interpretó "Canzone per te", que estaba de moda ese año.
Lució mucho su voz, pero la canción le venía escasa para su
gran tesitura vocal. No obtuvo premio, gustó sin más, aunque
pasó prácticamente inadvertido.
Presentación
oficial en Valencia
Siurán y sus
colaboradores creyeron en Nino Bravo desde el primer día y
entendieron que la mejor forma de darle a conocer era
organizándole un recital para él solo. Doce amigos de Nino
se brindaron espontáneamente para acompañarle ese día como
músicos, además del grupo Los Superson. Se fijó la fecha
histórica ahora en la carrera musical de Nino Bravo, porque
representaría su debut oficial como solista en la capital
del Turia. Fue
exactamente el 16 de marzo de 1969.
Nino preparó concienzudamente su repertorio. Pensaba
interpretar "Eloise", una creación de Barry Ryan, asegurando
a todo el mundo que sabía el suficiente inglés para darla a
conocer. Nino era siempre espontáneo aunque madurara sus
reacciones, y decía siempre lo que pensaba. Pero alguien le
sugirió que era mejor cantar en castellano, y así interpretó
versiones de Tom Jones y el resto de sus cantantes
preferidos.
Salió a escena con un traje blanco y luego con otro
oscuro, con corbata de lazo. Prácticamente el teatro
Principal esta abarrotado. Aquello supuso un gran sacrificio
económico para Nino Bravo y sus mentores, porque sólo el
alquiler del teatro valía 15.000 pesetas. En total se
invirtieron 28.000. Los gastos restantes hasta alcanzar esa
cifra se emplearon en publicidad, tanto en carteles como en
anuncios en los autobuses valencianos, sistema que nunca se
había empleado para dar a conocer el debut de un cantante
novel. De taquillaje recuperaron 10.000 pesetas. Los
músicos, amigos de Nino, como hemos citado, no cobraron una
sola peseta. Las pérdidas fueron, por tanto, a fondo
perdido.
Lo importante es que, a partir de ese día, el nombre de
Nino Bravo ya no era desconocido en Valencia. Pero no
obstante, pese a ese fulgurante triunfo, Nino quedó
preocupado, porque en casa pasaban entonces por ciertas
estrecheces económicas y aquel desembolso para que Nino
cantara lo entendió éste como un despilfarro inútil. Prueba
de cuanto apuntamos es que durante algunos días, siguientes
a su recital en Valencia, no fue a casa a comer. Le daba
vergüenza presentarse ante sus padres como si estuviera
derrotado, como si fuera un niño señorito y una carga para
la familia. Sus amigos afirman que era muy sufrido y muy
hogareño. Precisamente por aquellos días se había casado su
única hermana y él estaba preocupado porque no había podido
ayudarla económicamente.
Tras aquel recital, Siurán pensó que era buen momento
para contratarle en la región. Sin embargo, se encontraron
con que el nombre de Nino Bravo no era aún lo
suficientemente popular para percibir por sus actuaciones el
suficiente dinero con el que saldar las pérdidas sufridas en
el Principal valenciano. Se convirtieron en empresarios de
dos galas, en Alguinet y en Vergel, y sufrieron un espantoso
desastre económico. De las 9.000 pesetas que obtuvieron de
taquilla, tuvieron que pagar al grupo. Terminaron con más
deudas que cuando empezaron la aventura.
Firma con una
casa de discos
Nino Bravo había
mantenido unas conversaciones con la firma de discos
Fonogram, filial de Philips. Pero no estaba todo claro aún.
Nino y Siurán se desplazaron a Madrid con una cinta grabada
bajo el brazo, una partitura y una guitarra, que el cantante
dominaba medianamente. Primero se encaminaron hacia la plaza
de España, donde entonces estaba afincada la casa RCA, pero
allí no les hicieron mucho caso. Inmediatamente se marcharon
a los estudios de Fonogram. El maestro Torregrosa acompañó
al piano a Nino y, a la semana siguiente, volvió desde
Valencia, esta vez acompañado por su grupo musical, para
interpretar cinco canciones a modo de prueba. Además de los
directivos de la citada firma discográfica, se encontraban
presentes en aquella audición el compositor Manuel
Alejandro, el periodista Jesús Picatoste -director en
aquella época de la revista "Mundo Joven"- y los "disc-jockeys"
José María Íñigo y José María Requena. He aquí algunas
declaraciones de ellos, entresacadas de la revista "Mundo
Musical". Íñigo comentó: "Aunque yo escuché una mezcla y no
una toma definitiva, puedo decir referente a Nino Bravo que
me gusta mucho, que canta un montón, que tiene una voz
agradable, que no grita y que canta bien. Puede ser un gran
figura". Requena afirmaba: "Puede ser la revelación de 1969.
Tiene una gran voz y un estilo muy personal. Le encuentro
muy entero, muy
varonil, con una gran potencia de voz. El único
inconveniente es que quizá se note la influencia de Manuel
Alejandro en las dos canciones que ha hecho para Nino, por
la línea que siempre ha mantenido para Raphael". Picatoste
declaró: "Si hubiera que apuntarle en una línea, le
confrontaría con Tom Jones o Engelbert Humperdinck; mejor
aún, con John
Rowles". Y Manuel Alejandro, por su parte, remató: "Es
fabuloso. Me ha causado una impresión estupenda. Es
definitivamente una voz nueva, actual, al estilo de hoy.
Creo totalmente en él, en sus muchas posibilidades. Cuando
canta no me recuerda a nadie. Es diferente al hablar, al
moverse, cantando, accionando. Creo que va a "caer" bien al
público en general por su manera de ser; es sencillo,
agradable; no es vanidoso. Para deshacer malentendidos debo
decir que las canciones que le he hecho y haré las hice
pensando en
él, en su personalidad, exclusivamente para Nino Bravo.
Quizá predomine en las canciones una línea dramática, pero
hay que reconocer que todo cuanto hago sigue una línea
personificada en mí".
Nino Bravo firmó el contrato, en aquel año de 1969, por
una duración de cinco años. Nino, tras aquel descalabro
pecuniario de recital y las dos galas en provincia, pidió a
Fonogram, a cuenta de posibles "royalties", 20.000 pesetas,
que se las entregaron una vez las solicitó.
De aquel su primer contrato discográfico tenemos unos
datos. Se rectificó tres veces, porque Siurán quería las
mejores condiciones para su intérprete y amigo. Dinero,
aparte de esa cantidad prestada no percibió nada, aunque se
fijó un cuatro por ciento de "royalties" por concepto de
discos vendidos, y percibiría además 5.000 pesetas en mano
cada vez que grabara una canción, saliera o no al mercado.
Inmejorable contrato en resumen por cuanto se trataba de un
cantante novel, desconocido en España.
Cuatro
canciones de Manuel Alejandro
Fonogram
quería buscar un compositor de prestigio para apoyar el
lanzamiento de aquella voz nueva. Pensaron en Augusto
Algueró, pero éste no quiso o no llegaron a un acuerdo
ventajoso, por lo que decidieron pedir la colaboración de
Manuel Alejandro, que entonces se había distanciado de
Raphael, de quien era prácticamente su compositor de cámara.
A Alejandro le ilusionó tanto el proyecto que hasta quiso
que Nino grabara para Penélope, su propia casa discográfica.
Sin embargo, aceptó las cláusulas impuestas por Fonogram y
se dispuso a componer unas canciones, de acuerdo con las
conversaciones sostenidas con los señores Regatero y
Niederleythner, de la citada firma, y Miguel Siurán, por
parte del cantante. En seguida Alejandro vio en Nino Bravo
una voz fenomenal, muy influenciada por el estilo de Tom
Jones. Los temas eran: "Como todos", "Es el viento", "Ya no
me vuelvo a enamorar" y "No debo pensar en ti".
Antes de componer estas melodías, Manuel Alejandro quiso
conocer más a fondo a Nino Bravo, para adentrarse en su
personalidad. "Encontré que no había sido una persona
afortunada en la vida -me ha referido Alejandro- y por eso
lo retraté en mi canción "Como todos", con esas frases que
dicen que por qué no tiene felicidad ese hombre, si todos
somos iguales. Nino era un hombre poco dado a contar sus
cosas. Su gran voz no había tenido salida hasta entonces".
De las cuatro canciones compuestas, se eligieron dos,
"Como todos" y "Es el viento". Tuvo buena aceptación entre
la crítica, aunque se vendieron pocos ejemplares; pero sin
embargo la casi totalidad de los comentaristas señalaron que
aquella voz potente se parecía mucho a Raphael.
Para Nino Bravo, que únicamente pretendía seguir los
pasos en España de Tom Jones, aquella comparación con
Raphael fue un jarro de agua fría.
Nino Bravo se sintió muy desilusionado con aquellas
críticas de su primer disco, comparándole con Raphael,
cuando precisamente Manuel Alejandro dijo que buscarle una
réplica al cantante de Linares era imposible y absurdo. Para
Alejandro, la aparición de Nino en el campo discográfico no
constituyó un fenómeno, ni siquiera un "boom", como lo fue
en su día el lanzamiento de Raphael. Pero en cambio sí
estaba claro que la voz del valenciano era una de las más
importantes surgidas en los últimos años.
"Como todos" no fue un éxito total al principio, pero
sepan que dos años después lo fue rotundamente en Venezuela
y Argentina, porque la adoptaron como sintonía para una
radionovela que se emitió durante muchos meses en ambos
países. De esta forma, Nino Bravo empezó a ser popular en
Sudamérica.
En el Festival
de la Canción de Barcelona
Nino ya
tenía en la calle su primer disco, pero eso no era
suficiente. Ya se sabe que los cantantes, donde ganan dinero
son en las galas, porque los porcentajes discográficos, en
general, son mínimos. Siurán se preocupó de buscarle algunos
contratos; el primero, para actuar en el Club Naútico de
Jávea, lugar de bastante prestigio en la región levantina.
¡Lástima que la noche no les acompañó climatológicamente!
Cayó una fuerte tormenta que
deslució el espectáculo, pero Nino percibió quince mil
pesetas, cifra aceptable para un novel.
Hacían periódicos viajes a Madrid, a seguir promocionando
el disco y ocupaban una habitación modesta del Hostal Sanz,
en la calle Mayor. No era momento para otros dispendios. A
los tres días, Nino se volvía a Valencia, porque no podía
pasar más de una semana sin estar en su tierra, con los
suyos.
Hasta septiembre de ese año, Miguel Siurán continuó a su
lado como "manager". Debía entonces Nino bastante dinero,
porque adquirió un equipo completo para su grupo musical y,
según Siurán, él no percibió ni una sola peseta en concepto
de representaciones y le adeudaba de unos préstamos treinta
mil pesetas. Por entonces, Nino Bravo y Miguel Siurán, el
hombre que más decididamente contribuyó en sus principios a
forjarle artísticamente, decidieron romper el compromiso que
les ligaba, aunque, a decir de Siurán, no fue Nino quien le
puso al corriente de la ruptura, sino una secretaria de su
firma discográfica que entonces se sentía atraída por el
cantante valenciano, hasta el punto que le acompañaba con
fecuencia en sus desplazamientos, como en aquel viaje a
Barcelona, donde Nino iba a participar en un festival de la
canción.
Manuel Alejandro se marchó con Nino Bravo a la Ciudad
Condal. Iba también con ellos el productor discográfico
Alfonso Agulló. Ente Manolo y Alfonso convencieron a Nino
que debía vestir de otra forma para impresionar más a sus
futuras "fans". Le adelantaron un dinero y entre los tres
eligieron, en una "boutique" barcelonesa, un traje blanco,
muy ceñido, de cuero, parecido a los que en esa época lucía
Tom Jones. Así, de esa guisa, apareció Nino Bravo cantando,
en el Festival de la Canción de Barcelona, una melodía de
Manuel Alejandro, "No debo pensar en ti". El primer día del
certamen eliminaron el tema. Ahí se acabó la colaboración
artística entre el compositor y el cantante. Luego en el
último verano, se verían en casa de Manuel Alejandro, que ya
había regresado de su largo viaje a Méjico. Hablaron de
muchas cosas; de un proyecto de hacer juntos unos recitales,
en los cuales la primera parte sería orquestal bajo la
batuta de Alejandro y la segunda con la actuación de Nino.
No se llevó a efecto, como tampoco cuajó la idea de que
Alejandro compusiera de nuevo para él. Fonogram, la casa de
discos de Nino Bravo, no llegó a un acuerdo económico con el
compositor, quien, por cierto, ya tenía una canción
destinada para Nino, "A veces llegan cartas", que luego han
grabado Raphael y Julio Iglesias.
Capítulo
sentimental 
Nino, según
versión de quienes le conocieron más íntimamente, era un
muchacho muy tímido y de una gran nobleza. Salía con algunas
chicas en sus comienzos artísticos, aunque era bastante
reservado y no hacía comentarios a sus amigos. Parece que
tuvo una novia en Carcagente; que luego tuvo ciertas
relaciones con una enfermera del barrio de Benimamet,
llamada Pili; que mantuvo una buena amistad con otra
señorita de nombre Adela y que, en conjunto, paseaba con
jovencitas admiradoras suyas, valencianas en su mayoría, que
frecuentaban la discoteca Victor's.
La referida discoteca esta de moda en Valencia. Allí iba
muchos días Nino Bravo. Y allí conoció a la que,
posteriormente, sería su única y verdadera novia, María
Amparo Esther Martínez. Pocas veces hablaría a los
periodistas de este noviazgo, aunque no negaba que mantenía
relaciones con una chica valenciana. Por cierto, físicamente
eran bastante parecidos y a menudo les gastaban bromas sus
amigos comunes, diciéndoles que eran hermanos gemelos.
Así nació 'Te
quiero, te quiero'
En el invierno
de 1969, tras su intervención en el Festival de la Canción
de Barcelona, Nino regresó a Valencia un poco desolado. Se
encontraba sin "manager", sin representante, sin la ayuda
que en los últimos meses había encontrado en Manuel
Alejandro. Iba entonces Nino por el bar Mascarell, de su
barrio de Sagunto, donde tenía una peña de incondicionales.
Miguel Siurán les dedicó un día una canción desde su
programa musical de Radio Popular. Nino entonces volvió a
entrevistarse con su antiguo "manager", por si quería
continuar llevando sus asuntos, pero no se pusieron de
acuerdo. Entonces, Nino solicitó al agente valenciano José
Meri que se convirtiera en su mentor. Meri llevaba en esa
época los destinos musicales de otro popular cantante
valenciano, Bruno Lomas. Meri y Bruno, con las ganancias
obtenidas en los últimos años, adquirieron una discoteca,
Bruno's, por la que, diariamente, empezó a desfilar Nino.
Meri le buscó bastantes contratos.
En el verano de 1970, Nino, a través de su casa de
discos, entró en contacto con el compositor Augusto Algueró.
La colaboración entre el intérprete valenciano y éste sería
beneficiosa para ambos, sobre todo teniendo en cuenta que
Algueró le ofreció la que sería la canción más popular en el
repertorio de Nino Bravo: "Te quiero, te quiero".
Pero "Te quiero, te quiero" tiene una historia muy
curiosa, que no nos resistimos a relatar aquí. Resulta que
Augusto Algueró ya había cedida esta melodía a Lola Flores,
que la incluyó en una película, en coproducción con
Argentina, que hizo al lado de Luis Sandrini. La letra de la
canción era de Rafael de León y era distinta a la que
posteriormente tendría en la voz de Nino Bravo. Es más, su
título era, entonces, "Más sola que la una" y, por supuesto,
su aire típicamente español. Todavía sufriría aquella
canción otro título, porque el productor de la película de
Lola Flores encontró más positivo para él denominarla "La
niña ahogada". Un poco contrariado Algueró con aquellos
cambios de título, aunque maniatado ante el productor por un
contrato previo, creyó oportuno lanzar en España el tema con
su título primitivo o bien con uno nuevo. Pidió permiso al
citado productor para difundir la música de la melodía,
cambiándole la letra. Habló Algueró con Rafael de León, y
éste buscó otra letra. Así nació el definitivo "Te quiero,
te quiero".
Mas tampoco concluye aquí la historia, porque "Te quiero,
te quiero" se la ofreció Algueró a Raphael, quien aceptó
grabarla. Y así lo hizo. Pero en ese verano fue cuando
mantuvo un sonado pleito con su grabadora, discos Hispavox.
"Te quiero, te quiero" quedó almacenada entre otros muchos
acetatos, en los despachos de Hispavox.
A pesar de esas dos versiones, la de Lola Flores y la de
Raphael, "Te quiero, te quiero" seguía sin ser conocida en
España. Algueró, que tenía una gran fe en su tema, se
dispuso a dárselo a otro cantante. Fue, entonces, cuando le
presentaron a Nino Bravo. Creyó en su voz fabulosa y se la
brindó. La grabaron y a las pocas semanas, "Te quiero, te
quiero" figuraba en las listas nacionales de éxitos.
"Te quiero, te quiero" fue una canción superventas,
tarareada en la calle hasta la saciedad. A partir de ese
momento, Nino Bravo y Augusto Algueró colaboraron durante un
año, espacio de tiempo en el que grabaron más canciones,
cuyos títulos todavía están en la memoria de todos nosotros:
"Noelia", "Perdona", "Mi gran amor"...
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