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Hemeroteca de Nino Bravo
Prensa española, 1977
El busto
de Nino Bravo

La noticia -la
inesperada y estremecedora noticia- corrió como reguero de
pólvora en las primeras horas de la tarde de un trágico 16
de abril.
"El cantante Nino Bravo acaba de morir en accidente de
carretera".
Así de tajante, así de sorprendente.
En efecto, en la primavera de 1973, la fulgurante carrera
de nuestro cantante y "showman" había quedado truncada para
siempre.
Todavía se
percibían en Valencia los ecos de sus estelares actuaciones
en el "Parador 73". Ya en el cenit de su escalada,
consciente de su responsabilidad, se había volcado
materialmente aquí ante sus paisanos.
Luego, en los Jardines Neptuno, de Murcia, escucharía por
última vez los aplausos atronadores de sus enfervorizados "fans".
Aquella misma mañana se había despedido de su esposa y de
la pequeña "Nana", como él llamaba cariñosamente a su hija.
Tenía que estar en Madrid aquel lunes. Un viaje rápido. Y
quién les tenía que decir que un viaje sin vuelta...
El telediario de las tres expandía el fatal evento por
toda la piel de toro. El cadáver de Nino sería trasladado a
su Valencia -en la que nunca quiso deja de residir- para que
recibiera en ella cristiana sepultura.
Impresionante, realmente conmovedora aquella
manifestación con que los valencianos le dieron su postrer
adiós en el cementerio.
Y qué decir de lo que supuso, luego, el emocionado
recuerdo y el calor de aquellos miles de asistentes al
homenaje nacional que, en póstuma solidaridad, le ofrecieron
los cantantes españoles, y cuya recaudación sería el
obsequio a aquel esperado segundo hijo, venido al mundo al
poco de morir su padre.
El Ayuntamiento de Valencia, presidido por Miguel Ramón
Izquierdo, decidió colocar en la moderna calle de Lérida -en
el popular barrio de Sagunto, que tanto sabía de los
primeros pasos y de la tenacidad de este cantante nuestro-
un busto en bronce donado a Valencia por el propio autor,
Alfonso Pérez Plaza.
Pérez
Plaza es de Catarroja. Y Catarroja precisamente fue testigo
del esfuerzo duro y de la voluntad de triunfar de Nino.
Pérez Plaza, que perfeccionó en Alemania su temple de
artista, fue becario en Roma y de la Casa Velázquez de
Madrid, y ha merecido premios, distinciones y medallas -como
la de oro del IX Salón de Marzo, de 1968-, estuvo
logradísimo en esta escultura de Nino Bravo.
De cuello despejado, con sus cabellos largos, el rostro
sereno y juvenil, la expresión noble, seria, aunque con
cierto aire de innata timidez, de mirada fija y atrayente.
Todo queda maravillosamente reflejado en la testa broncínea
salida de las manos del admirable y admirado escultor
Alfonso Pérez Plaza, clásico y actual a un tiempo.
Bajo el escudo de nuestra ciudad, sobre la clara piedra
del pedestal, esta breve inscripción que lo resume todo:
"Homenaje de la juventud valenciana a Nino Bravo. Año 1977".
Monumento sobrio, digno, al que dan escolta verdes y
onduladas lanzas de laureles que dicen de unos sueños e
ilusiones que llegaron a ser victoriosas realidades.
Éxito fue la presentación en Valencia como solista, en
nuestro teatro Principal. No digamos la favorable acogida de
"Te quiero, te quiero", la canción del verano del 70 que le
abriría las puertas de la popularidad en Sudamérica y
predispondría su clamorosa gira artística por Argentina,
Chile, Venezuela, Colombia y Méjico. "Te quiero, te quiero"
fue el primer "Lp" de Nino Bravo, en él se recogian las
canciones de su primera época.
En el 71 aparece el segundo disco de larga duración, al
que seguiría el más representativo de Nino: el de las
románticas canciones "Un beso y una flor", "Noelia", "Mi
gran amor" o la de "América, América". Vendrían luego "Mi
tierra" y "Vete"... y cuantas más.
Canciones que llegaron a alcanzar luego los primeros
puestos en el papel de ventas, trayendo el aura nostálgica
de su personal estilo, el dejo de su voz inconfundible.
Luis Manuel Ferri Llopis -que tal era la verdadera
identidad de Nino Bravo- había nacido en Ayelo de Malferit,
al norte del Valle de Albaida, el 3 de agosto de 1944.
Tenía, pues, 28 años cuando le ocurrió el fatal
accidente.
Casado con María Amparo Martínez Gil en abril de 1971, le
faltaban entonces cuatro contados días para celebrar el
segundo aniversario de bodas en compañía de su hija de
catorce meses.
Circunstancias que tenía muy clavadas en el corazón el
escultor Peréz Plaza al realizar su obra.
¿De dónde le vino su sobrenombre artístico?,
preguntaréis.
Siendo aún muchacho, un italiano, amigo dela familia, fue
a verles a su casa de la calle Visitación y al oírle cantar
exclamó lleno de entusiasmo: ¡Bravo, ragazzo; bravo,
nino...! ¡Nino, bravo!
Y así le quedó.
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