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Hemeroteca de Nino Bravo
Semana, 28 de abril de 1973
Adiós a
Nino Bravo

Como un mazazo
nos sacudió la noticia de la muerte del cantante Nino Bravo.
En la calle, el impacto fue fortísimo. Y no digamos en
Valencia, tierra natal del malogrado intérprete, donde, a
las pocas horas de conocerse el luctuoso suceso, empezaron a
desfilar cientos y cientos de personas por el domicilio de
Nino.
Había salido
a temprana hora de la ciudad del Turia. Serían las siete de
la mañana cuando Nino subió a su automóvil, un BMW - 2800
matrícula GC-66192, junto a su guitarrista, José Juezas,
Miguel Diurni y Fernando Romero, miembros de un nuevo
conjunto, denominado Humo, que iba a apadrinar casualmente
Nino Bravo. Precisamente el motivo del viaje desde Valencia
a Madrid se debía al hecho de que, a la tarde, Humo grabaría
su primer disco en unos estudios madrileños.
Todo se
truncó a la altura del kilómetro 95 en la Carretera Nacional
III Madrid-Valencia, en el término municipal de Villarrubio,
cuando el coche derrapó, saliéndose de la carretera y dando
varias vueltas de campana. Uno de los ocupantes, José
Juezas, resultaría con heridas graves; los componentes del
grupo Humo, con lesiones, uno, de pronóstico reservado, y,
otro, leves. Nino Bravo sufrió un violentísimo golpe en la
cabeza que le produjo una irremediable conmoción cerebral.
Trasladado junto a sus compañeros a un centro médico de
Tarancón, fue posteriormente llevado en ambulancia, con toda
rapidez, a la Ciudad Sanitaria "Francisco Franco", en
Madrid. Poco después, serían las doce del mediodía, Nino
Bravo dejaba de existir.
Con Nino
Bravo desaparece uno de los cantantes españoles de música
ligera de mejor voz y más destacada personalidad.

Un
aprendiz
de joyero
Escribe el
cronista estas notas apresuradas con el corazón encogido por
tan penoso acontecimiento. Cuando ahora van a surgir voces,
con razón, recordado amistosos encuentros sostenidos cerca
del ídolo roto para siempre, uno se precia de haberle
conocido un poco para intentar este esbozo biográfico. Ya
habrá tiempo de escribir más detenidamente sobre su vida y
su carrera. Hoy, perdónesenos que su historia quede
encerrada sólo en unas pocas cuartillas.
Nació Nino en
la localidad valenciana de Ayelo de Malferit, aunque a los
cuatro años se trasladaría con su familia a la capital. En
Valencia, siendo un mocito, entró a trabajar de aprendiz en
una joyería, no sé ahora si con demasiado entusiasmo, pero,
desde luego, con escasa vocación, porque la música llena por
entero su mente. Me decía el que fue su representante hasta
principios de 1972, Jesús Carsi, que desde niño, Nino
llevaba metida en la cabeza la idea de ser cantante. Una vez
le refirió a Carsi que su abuela materna también cantaba en
tiempos, pero que, por esas costumbres y prejuicios de
siempre, en la familia no se la había autorizado a cantar
profesionalmente, contentándose con actuar en festivales
benéficos, tan pródigos en la rica región levantina, cuyos
habitantes siempre han sentido auténtica pasión por la
música.
El
antecedente de la abuela parece ser el único que existía en
la familia de Luis Manuel Ferri Llopis, que era el nombre
verdadero de Nino Bravo, el menor de dos hermanos, nacido en
el año 1944. Los Ferri, a su traslado desde Ayelo de
Malferit a Valencia, habitaron un piso en la calle
Visitación, 31, en el popular barrio de Sagunto, donde, por
cierto, vinieron al mundo otros artistas de la canción,
tales como Conchita Piquer y Adelfa Soto.
Primeros
conjuntos

Aunque
el auge de la música ligera en nuestro país es bien patente
desde 1960, no ha sido nunca fácil destacar como solista.
Por eso, el camino de cualquier novel que quiere ser
cantante se inicia, por lo común, emparejado con otros
chicos, formando un conjunto que, regularmente, interpreta
en sesiones de sábado y domingo los éxitos del momento.
Nino Bravo no
fue una excepción, pues, aun cuando siempre hizo gala de
unos recursos vocales fuera de lo normal, tuvo que empezar
con el inevitable grupo, pese a que él fuera, naturalmente,
el solista del mismo.
Ese primer
grupo que formó Nino Bravo se llamaba Los Hispánicos. La voz
de Nino no había pasado desapercibida en los medios
musicales levantinos y alguien le hizo una oferta para
grabar un disco. Pero Nino, pese a que el contrato podía
significarle salir del anonimato, fue fiel al sentido de la
amistad y exigió que en la grabación participara igualmente
su conjunto. No llegaron a un acuerdo, y Nino y sus
compañeros se quedaron sin grabar el microsurco.
Pasaron dos
años y Nino decidió probar fortuna con otro conjunto, que se
llamó Los Supersons. Con él recorrió toda la región de
Levante, con esa alegría e ilusión de quien empieza de nuevo
el áspero camino hacia la fama. Aquel verano Los Supersons
actuaron en Benidorm, y, aunque la calidad musical del grupo
era aceptable, destacaba la voz varonil, recia y potente de
Nino, su cantante solista. Alguien le ofreció un contrato en
el extranjero, pero él tuvo que cumplir con el servicio
militar en Cartagena, donde las ilusiones musicales
empezaron a marchitarse.
Cuando hubo
concluido la "mili", volvió a Valencia. Pensó que era
difícil destacar en el mundo del pentagrama y, como había
que ser útil a la familia, entró a trabajar como
administrativo en una oficina.
Recital
y primer disco
Los amigos de
Nino quisieron disuadirle de su idea de abandonar la
canción. "Con esa voz -le decían- te abrirás paso tarde o
temprano". Aquellos consejos le hicieron mella y terminó por
aceptar un contrato en una discoteca valenciana cuyo nombre,
me parece recordar, era Victor`s. No estoy muy
seguro, pero en uno de mis frecuentes viajes a Valencia, el
editor de una publicación musical de aquella capital, Miguel
Siurán, me presentó a Nino en dicho club, encomiándome las
condiciones vocales del muchacho. Nino era por entonces un
ídolo para la juventud valenciana. El citado Siurán, hombre
metido en los negocios musicales de la región, se convirtió
en manager de Nino Bravo, ayudándole a superar aquella
incertidumbre entre la oficina y la canción.
Parece que le
proporcionó los suficientes contratos para que Nino se
convenciera de que podía llegar a ser una figura.
Perfila el
cronista estas líneas guiado por una memoria que espero no
me traicione. Fue el 16 de febrero de 1969 cuando hizo su
presentación oficial en el Teatro Principal de la ciudad del
Turia. El éxito fue apoteósico. Nino Bravo ya se sentía
seguro en un escenario. Le bastaba su voz, como un torrente,
en plena fiebre de los solistas de gran tesitura, como Tom
Jones, Engelbert Humperdinck y John Rowless.
De ahí a
grabar un disco, sólo un paso. Fonogram le firmó una
exclusiva, y Nino Bravo, con su representante, se vino a
Madrid y registró su primer disco. Las canciones llevaban
los títulos siguientes: "Como todos" y "Es el viento",
original de Manuel Alejandro. "Como todos" gustaba mucho a
su cantante. Nino Bravo, en cuantas entrevistas se le
hicieron, repetía siempre que en ella se veía reflejado. La
letra decía así: Si yo nací, como todos nacemos,
llorando, llorando... Si yo crecí, como todos crecemos,
jugando, jugando... Si yo viví, como todos, soñando,
soñando, y conseguí lo que tengo, luchando, luchando. ¿Por
qué no puedo encontrar un amor como tú o como aquél si yo
soy igual? ¿Por qué no puedo tener felicidad?
Para un
cantante novel, un primer disco sirve de inicio para la
rampa de lanzamiento. No vamos a decir aquí que "Como todos"
abrió las puertas de la fama a Nino Bravo, pero le sirvió lo
suficiente como para recoger excelentes críticas de los
mejores especialistas musicales del país, e, incluso,
aparecer en algún "hit parade".
Prueba de que
el disco se repitió incansablemente por bastantes emisoras y
que los mentores artísticos de Nino Bravo estaban muy
contentos del nuevo lanzamiento, es que, en septiembre de
aquel año, Manuel Alejandro compuso especialmente para él
otro tema, "No debo pensar en ti", con el que tomó parte en
el Festival de la Canción del Mediterráneo, en Barcelona. El
tema no tuvo demasiada fortuna en el certamen ni tampoco
posteriormente, pero la voz de Nino Bravo caló muy hondo
entre quienes le escucharon.
'Te quiero,
te quiero'
Para quienes
seguíamos las incidencias del mundo musical, Nino Bravo nos
era ya un nombre familiar. La pena es que le veíamos poco
por Madrid. Él y su representante, José Meri, entendieron
que era mejor afincarse en Valencia, idea que siempre
mantuvo el primero porque en su tierra se encontraba feliz
por completo. Sólo últimamente creo que decidió adquirir un
piso en la capital de España o, al menos, ya hacía viajes
más frecuentes, pero, desde luego, su residencia definitiva
siempre la mantuvo en la capital del Miguelete, donde
también, hará dos años, montó una oficina que llevaba sus
asuntos artísticos bajo el nombre de Brami, que respondía a
las iniciales del patronímico y su primer apellido en el
mundo musical, en la valenciana calle de Santa Isabel.
El auténtico
"boom" en el verano u otoño -no puedo precisar ahora la
fecha exacta del lanzamiento del disco en cuestión- del año
1970 fue una canción de Augusto Algueró, "Te quiero, te
quiero", que significaría la total consagración discográfica
de Nino Bravo. La cara B de ese disco se titulaba "Esa será
mi casa", que en las últimas estrofas parecía presagiarle
una fatalidad: ...esa será mi casa cuando me vaya yo,
/esa será mi casa, cuando te diga adiós.
"Te quiero,
te quiero" estuvo situada durante muchas semanas en las
listas de éxito de toda España, llegando luego los ecos a
muchos países sudamericanos, donde iba a producirse la
escalada de Nino Bravo con etiqueta internacional. Prueba de
que la canción tuvo un impacto tremendo es que la grabaron
posteriormente otros artistas, entre ellos Raphael y Carmen
Sevilla, pero, aunque estas versiones fueron aceptadas con
dignidad, no se concebía el tema sino en la voz
personalísima, de clara dicción, potente, de Nino Bravo.
Ya se le
conocería siempre por ese tema, y a él le sería más difícil
remontar el éxito, aunque lo mantuvo hasta su muerte.
'Pasaporte
a Dublín'
Si,
discográficamente, Nino Bravo era una figura y se conocía su
voz nada más sintonizar con cualquier emisora de radio, su
rostro no era aún lo sobradamente popular que correspondía a
su recién estrenada fama. Le faltaba el espaldarazo de las
revistas gráficas que plasmaran su figura y su intimidad y,
por supuesto, su aparición en la pequeña pantalla.
A finales de
1970, Televisión Española convocó a diez intérpretes de la
canción, para dirimir en un programa-concurso, "Pasaporte a
Dublín", quién nos representaría en la capital irlandesa en
el Festival de la Canción de Eurovisión. A lo largo de
muchas semanas, la decena de intérpretes se esforzó por
alcanzar el primer puesto que les otorgaría el billete, el
pasaporte deseado, que, finalmente, fue a manos de Karina,
como todos recordarán. Pero la voz masculina que más se
consagró en este concurso fue, indiscutiblemente, la de Nino
Bravo.
Quien esto
escribe publicó, tres meses antes de que se fallara el
citado programa, un retrato musical de cada uno de esos diez
cantantes seleccionados. De Nino Bravo reflejé lo siguiente:
"Es, entre los cantantes masculinos, de cara a Eurovisión,
quien más adeptos cuenta", a la vez que hacía hincapié en
sus dotes vocales y en otras circunstancias, como la de
habernos representado muy dignamente en otro festival, el de
Río de Janeiro, con el tema "Elizabeth", de Manuel de la
Calva y Ramón Arcusa.
No ganó Nino
Bravo, a pesar de alcanzar una buena puntuación, como ya
queda dicho. Dos meses después me diría que no sentía esa
contrariedad, que a él le bastaba ya saberse popular entre
todo el público español, que captó en seguida sus
condiciones de extraordinario cantante.
Boda en la
intimidad

Nino grabó otro
disco, "Puerta de amor" y "Perdona". Tuvo menor aceptación.
Con el siguiente, "Mi gran amor" y "Noelia", recobró otra
vez el favor de sus incondicionales y de la crítica, sobre
todo, en el tema citado en último término. "Noelia" también
figuró en las listas de éxitos. Parecía que estaba dedicado
a Miss Europa, que así se llamaba, pero su autor, Augusto
Algueró, y su cantante, Nino Bravo, negaron tal cosa.
Hasta ese
momento, Nino hablaba muy poco de su vida privada.
Carsi, el
anteriormente citado manager personal del cantante, me
refería: "Él ha sido siempre bastante tímido. Por eso,
quizá, diera al público una imagen falsa a la realidad.
Aunque tenía reacciones bruscas, era noble, como un hombre
que nació en un pueblo".
Decimos esto
porque, aunque no negó que tenía una novia en Valencia,
nunca quiso aprovecharse publicitariamente del asunto. Por
eso constituyó cierta sorpresa su boda, el 20 de abril de
1971 -fatídica casualidad la de su muerte, unos pocos días
antes de cumplir su segundo aniversario de boda-, que se
celebró en una iglesia de Valencia en la más estricta
intimidad, permitiendo sólo que un fotógrafo contratado por
su representante exclusivo, el señor Meri, estuviera
presente en la ceremonia, y sin poder impedir, luego, que
otro reportero gráfico de una revista juvenil madrileña
captara, con sagacidad, el acontecimiento nupcial. La novia
era María Amparo Esther Martínez Gil. Creo que fue la única
novia que tuvo Nino. Hasta sus más allegados les hacían
bromas, porque no sólo se hallaban muy compenetrados, sino
que, incluso, tenían un singular parecido físico entre sí.
Pocos días
después, no recuerdo ahora si fue a finales de abril o
principios de mayo, este reportero, junto a Julián
Torremocha, viajábamos hasta la isla de Tenerife, donde, en
el Puerto de la Cruz, iba a celebrarse el festival de la
canción con el nombre de tan incomparable lugar. En el fin
de fiesta, de uno de esos días del certamen, actuó como
figura Nino Bravo.
Nino se nos
había escondido un poco para los informadores, porque
aprovechó el viaje y fue del brazo de María Amparo para
disfrutar, de paso, de la luna de miel. Cuando le insistí
para hacerles el primer reportaje de recién casados acabaron
por aceptar, aunque un poco a regañadientes. Nino, repito,
no quería que su intimidad se viera trasladada a la prensa.
-¿Nino Bravo
es un "boom"? -le pregunté en su apartamento.
-En absoluto.
Soy un cantante que lleva dos años trabajando, con seis
discos grabados, dos de ellos de larga duración. Poco a poco
me voy abriendo camino, sin prisas. Fui el pasado año a
Brasil y a Venezuela. Mi carrera es como una selva que voy
descubriendo.
-¿Eres ya un
ídolo? -insistí.
-No lo soy,
ni quiero serlo. No es mi forma de ser.
-¿Qué es esa
palabra para ti? ¿Qué significaría que tú fueras ídolo?
-Lo considero
cuando las fans se cuentan por millones. Y todavía mis
admiradoras no alcanzan esa cifra.
-¿No
despiertas curiosidad cuando paseas por la calle?
-Sí; me
reconocen, me piden autógrafos, pero no llegan a acosarme.
Es mejor así.
Como se
desprende de esas manifestaciones, Nino Bravo era todo
modestia y humildad. Y no lo transcribimos ahora por puro
oportunismo. Ya lo recalcamos en su momento.
Le pregunté
por el mensaje de sus canciones. Respondió:
-Nunca quise
ser cantante de mensaje. Lo mío es cantar al amor, aunque
algunas letras de mis canciones tengan un poco de pimienta.
Huyo, eso sí, de letras morbosas. El mensaje, yo creo, está
en la gente, y yo canto para hacerles sentir una pequeña
felicidad sin hacerles pensar; para evadirles con cosas
bonitas.
Un
padrazo
Lo que más
ilusionaba al matrimonio era tener un hijo. En enero de 1972
les nació una niña, a la que impusieron el nombre de María
Amparo. Un mes antes, la pareja había viajado por Argentina,
Chile, Colombia, Venezuela y Méjico. Esta vez, cuando les
entrevisté en el aeropuerto de Barajas, María Amparo se
mostró más explícita conmigo que en Canarias
Me dijo que
aunque valenciana de corazón y adopción, había nacido en
Tánger. Me habló que siempre que le fuera posible
acompañaría a su marido en sus desplazamientos.
La niña vino
al mundo en Valencia. Ahora había cumplido catorce meses.
Nino estaba el mayor tiempo posible junto a su esposa y a su
hija. Precisamente hacía muy pocas fechas, había confiado a
unos amigos que en noviembre próximo iba a convertirse de
nuevo en padre. Quería tener un varón y formar la parejita.
Los que le conocían bien no han vacilado en decirme que era
todo un padrazo.
Tan
celosamente guardaba su intimidad familiar que a muy pocos
les permitía hacerle fotografías en su casa de Valencia. Y
tampoco accedía a fotografiarse junto a María Amparo. En
noviembre pasado les vi en Barcelona y, gracias a nuestra
amistad, Nino aceptó que les hiciéramos juntos un reportaje.
María Amparo se confesó lectora asidua de nuestra revista.
Mi última
entrevista
No por
pedantería, pero sí con la sinceridad que contiene,
reproduzco algunos párrafos de mi última entrevista con Nino
Bravo, ese día barcelonés, sentados Nino, María Amparo y yo
en unos divanes del "hall" del hotel Balmoral, de Barcelona.
Aún vería al cantante poco después, en enero, también en la
Ciudad Condal, cuando recibió el postrer galardón de su
corta vida, el Olé de la Canción. Pero recuerdo más la
citada conversación. Me decía Nino:
-Yo podría
producir noticias de escándalo, pero no me gusta. El otro
día tuve un accidente de coche...
Un accidente
de coche. Ignoro si Nino Bravo gustaba de la velocidad en
carretera. No sería ético poner en tela de juicio esa duda.
Pero es casualidad que entonces me hablara sobre el
particular:
-Sí, fue
yendo de Valencia a Barcelona. No me pasó nada, pero sí al
automóvil. De todas formas pude haberme aprovechado y lanzar
el suceso. No quise. Eso está al margen de mi profesión. No
hay que acaparar demasiado. Me importa más decir que mis
canciones se escuchan ahora mismo en Bélgica y Holanda, "que
le tengo ganas a Europa", que voy de nuevo a Méjico...
-¿Es Nino
Bravo únicamente una voz?
-Nino Bravo
es un hombre que tiene una buena voz, gracias a Dios,
bastante buena, pero que tiene un sentimiento, una forma de
ser y expresar capaz de comunicarse con la gente. El éxito
de un cantante no es sólo una voz, sino lo que puedas
transmitir. Si no, quedaría frío. Cada vez que canto es como
si interpretara una zarzuela. Más aún: con mayor esfuerzo.
Porque tengo una gran vocación, porque estoy entregado a mi
profesión y, ante todo, porque tengo recursos, la propiedad,
el don de la voz. Sé que algunos días tengo que esforzarme,
desde luego, pero me cuido, fumo y bebo poco... La
diferencia entre quien canta lírico y quien canta ligero es
que para lo primero hay que impostar la voz, y para lo
segundo no hace falta. Con ser natural, basta.
-¿Quién tiene
más mérito, Nino Bravo cantante o Luis Manuel Ferri, el
hombre sin pseudónimo artístico?
-Nino Bravo
es Luis Manuel. A Nino lo ha hecho éste, que tiene mucho más
mérito, porque sabe tener a cada uno en su sitio.
Era la hora
del almuerzo. Nino y María Amparo se fueron a comer marisco
a la playa de la Barceloneta. Por la tarde volveríamos a
vernos. María Amparo estaba presente durante los ensayos de
aquella actuación de su marido, que empezó a cantar:
Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar. Era
"Libre", como una premonición, su último éxito, su
testamento musical, aunque quizá tuviera preparadas más
melodías. Pero con "Libre" se nos ha marchado para siempre
este valenciano de voz fabulosa, extraordinario cantante,
gran amigo.
Con mi
oración, vaya también mi mejor recuerdo.
Manuel Román
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