|
|
Hemeroteca de Nino Bravo
Cantantes de Hoy, 1972
Nino Bravo
Lo que
parecía una broma le abrió las puertas
grandes de
los éxitos internacionales
Es
de los que no va buscando una entrevista, de los que no
trabajan para que le hagan unas fotos y se las publiquen,
para que le hagan un gran reportaje en una revista
especializada, y mucho menos para que se lo hagan en
semanario no especializado, y no digamos nada si caemos en
el lado de la Prensa diaria; para todas estas cosas Nino
Bravo es un hombre tirando a oscuro. La popularidad llega
con el trabajo, parece haberse dicho un día, aunque jamás
haya pronunciado palabra al respecto. Sólo es cierto que un
día le hicieron una pregunta y el muchacho no se anduvo por
las ramas a la hora de responder:
"Mi
triunfo llegará por mis propios méritos. Gracias a mi propio
esfuerzo y vendrá porque realmente mi voz sirve para algo
más que para emitir sonidos".
Aquellos que
cuentan esta contestación y la ponen en boca del cantante
aseguran, porque le conocen bien, que esta respuesta resume
muy a las claras la personalidad del joven y que indica cómo
su camino hacia la fama ha sido duro y difícil, que en ese
camino sigue, porque Luis Manuel Ferri, que ese es el nombre
de verdad de Nino Bravo, no cree haber llegado todavía a su
meta. Está seguro que le queda mucho camino por andar y está
dispuesto a seguir andando caminos, pero no sobre el mar,
como cantaba el poeta, sino sobre la tierra firme y difícil
del mundo del disco y la canción. En eso está y en eso
sigue. Ha tenido éxitos que han sonado fuerte, para él eso
son ya etapas pasadas, porque lo importante es continuar, no
pararse, seguir en el camino iniciado, y eso es difícil
cuando se ha llevado por dos veces en breve tiempo hasta el
número uno de las listas, que son las que marcan cómo va la
clasificación de una imaginaria liga del mundo de la
canción. Lo ha conseguido dos veces y está muy dispuesto a
lograrlo muchas más, pero a su estilo, sin perder la calma,
sin buscarse publicidad fuera de su trabajo; por eso -salvo
cuando actúa-, muy pocas veces se le verá alejado de su
Valencia natal, por la que corrió sus primeros pasos y a la
que no ha renunciado cuando el éxito ha llamado a su puerta.
Un éxito de trabajo, de difícil y duro trabajo, en el que ha
habido renuncias, e incluso hubo temporadas en que llegó a
pensar en el abandono. No fue así, y hoy Luis Manuel Ferri
casi ha desaparecido de la existencia para dar paso a un
Nino Bravo, al que gritan la segunda parte de su apodo,
cuando interpreta canciones cara al público, porque todo el
mundo queda satisfecho de su voz, porque en ese punto está
todo el secreto, en ese y en el trabajo ya mencionado. Son
las dos armas de Luis Manuel Ferri, Nino Bravo para el mundo
de la canción.
Muy lejos de la música
Valencia es
tierra de músicos, que esa es noticia que todo el mundo sabe
y de buenos músicos, intérpretes, cantantes o compositores;
pero a Luis Manuel Ferri el mundo de la música le va a tocar
de una forma indirecta. Una cosa es que la ciudad donde él
nació tenga ambiente musical y otra muy distinta es que Luis
Manuel viviera influido bajo ese ambiente musical, porque
eso no ocurre así. Y no ocurre por una sencilla razón: en
los Ferri no hay antecedentes familiares que hayan tenido
que ver con la música. Con esto se quiere contar que Luis
Manuel fue un niño más, que cuando empezó a crecer le dio
patadas a un balón y jugó por las calles y algún domingo que
otro se iba con sus padres a ver "el Miquete", pero todo
ello al margen de lo que hoy es su profesión.
Alguna vez
fue a un concierto o vio alguna banda tocar por la calle,
pero eso lo ha hecho cualquier niño valenciano. Sin embargo,
a Luis Manuel todo aquello le gusta, parece que le
pertenece; lo tiene muy cercano, es como si toda la vida
hubiera sentido la música dentro y eso, la verdad, sorprende
a sus padres, que se sorprenden cada día más de la afición
que tiene el muchacho a dar su versión de la canción que
esté de moda y la verdad es que no le asusta el género, que
se atreve con todos y ningún vecino protesta cuando Luis
Manuel se pone a cantar. Pronto es fama en el barrio que el
niño de los Ferri lo hace muy bien. Algunos amigos dicen al
padre de Lusi Manuel que su hijo puede llegar muy lejos, que
lo lleve aquí, que lo lleve allá, que le eduque la voz, pero
el señor Ferri no ve mucho futuro en la canción. Prefiere
que el hijo estudie y que luego se coloque, antes de verle
lanzado en la aventura del canto, que el niño. cuando sea
mayor, decide dedicarse a eso plenamente, él respetará su
opinión, pero antes prefiere poner a su alcance todo los
medios para que, si la canción falla, Luis Manuel tenga todo
preparado para enfrentarse con el porvenir.
Hay que decir
que el joven Ferri sigue los consejos de su padre y se
aplica en aprender; pero no por eso renuncia a la canción,
no por eso deja de cantar y no por eso, en cuanto tiene unas
perras en el bolsillo, deja de comprarse el disco que más le
gusta, para después oírlo repetidas veces, convertirse él en
el principal y único protagonista. A veces se imagina que un
conjunto le acompaña, mientras él canta y sueña con llegar
muy lejos; pero cuando termina la canción, vuelve a la
realidad y se olvida de triunfos soñados. Él a lo suyo, que
es prepararse para el futuro, porque esa es otra virtud del
hoy Nino Bravo: su realismo, y sobre él se mantiene; por eso
tarda en escuchar los cantos de sirena.

Renunciar a
una propuesta
A Luis Manuel le gusta cantar y no hace falta ser muy lince
para averiguar esto, porque todo el barrio lo sabe. Es por
esta razón que a nadie extraña que un buen día vengan a
hacerle una propuesta. Luis Manuel, cantante por vía libre,
es buscado muy poco después de cumplir los dieciséis años
por un grupo de jóvenes muchachos que acaban de unirse para
formar un conjunto. Hasta los recién agrupados ha llegado la
fama de Luis Manuel como buen intérprete y ellos necesitan
un solista, que eso es de lo que anda mal el grupo. En un
principio, aquello fue para Luis Manuel como una broma.
Incluso no llegó a creérselo, pero la propuesta iba en
serio. Hay consultas, deliberaciones familiares. Dudas,
negativas, respuestas afirmativas, todo ello muy seguido y
continuado, hasta que Luis Manuel tiene que enfrentarse a
sus jóvenes dieciséis años con un grupo de gente joven que
baila al sonido de la música interpretada por el conjunto y
de paso se fija y escucha en Luis Manuel, porque él es la
gran novedad.
Habrá que
decir pronto que los principios no pueden ser mejores,
porque de una sala de juventud a otra va saltando el
conjunto, porque de todas partes vienen los contratos.
Muchos dicen que el gran culpable del éxito es el cantante
del grupo, porque tiene algo especial en la voz que le hace
distinto al resto de los solistas, pero Nino es fiel a sus
amigos y, aunque empieza a recibir propuestas para que actúe
en solitario, él no acepta nada sin sus compañeros.
De Valencia, a recorrer todo el reino. La región abre las
puertas de sus discotecas a Nino Bravo. Aquel verano es
intenso en trabajo. Luis Manuel no acaba de creérselo.
Escribe a su casa desde cualquier punto de la región
hablando de aplausos y de canciones que le han hecho
repetir; de éxito, en suma. Ya en alguna gacetilla se cita
el nombre de los muchachos y hacen hasta alguna actuación en
una radio local y así llega lo más importante.
Un buen día se presenta en su casa de Valencia un señor.
Quiere hablar con Luis Manuel. Este queda muy sorprendido
cuando oye lo que el señor le propone: grabar un disco. Es
algo que no le ha pasado por la imaginación. Ni en sus
épocas más soñadoras llegó a pensar en eso. Luis Manuel
acepta, y acepta porque está convencido que la propuesta que
a él le han hecho es extensiva al grupo. Sin embargo, el
joven intérprete se va a llevar una gran decepción porque no
va a ser como pensaba. La propuesta es ólo para él. Su
primera gran oportunidad. Lo toma o lo deja. Decide dejarlo.
Él no está
dispuesto a claudicar; aquellos chicos del conjunto le
lanzaron a la fama, y él no graba disco alguno si en esa
grabación no participan sus amigos. No hay disco, claro.
Frenazo y casi
marcha atrás

El romanticismo
no facilita precisamente el éxito en la profesión que ha
elegido, porque nadie duda ya en la casa de los Ferri que
Luis Manuel se va a dedicar por entero a la canción, como
hacen tantos otros. Además, el chico tiene voz, que eso está
comprobado, y una voz que debe ser buena, porque todas las
calificaciones que reciben son para alabar. Advertido queda
que el romanticismo no abre muchas puertas y el espíritu de
compañerismo de Luis Manuel le cierra las puertas del mundo
del disco por una temporada. Las actuaciones del grupo
continúan, pero Luis empieza a ver que las cosas, las cosas
se entiende una grabación, empiezan a ponerse muy cuesta
arriba.
Él está
dispuesto a renunciar a cualquier cosa pero no quiere
traicionar a sus compañeros. Con ellos sigue, pero cada vez
piensa menos en la canción. Vuelve a los libros para
trabajar y estudiar con ellos, por si la canción, que él
creía su mundo, falla, y vuelve porque, como ya está
contado, Luis Manuel es de los realistas y no quiere
encontrarse compuesto y sin novia cuando menos se lo espere
y sobre todo cuando ya la edad suba en cifras y sea
demasiado tarde para rectificar.
Después de
pensar mucho las cosas, Luis Manuel decide esperar. Se va a
fijar un plazo: el tiempo que dure su servicio militar.
El sorteo ha
decidido que Luis Manuel Ferri sirva en la Marina, y a la
Armada, en Cartagena, se incorpora el ahora conocido Nino
Bravo. En los tiempos libres que deja su preparación
militar, Luis Manuel canta. Pronto sus jefes y sus propios
compañeros se dan cuenta que allí hay alguien que canta muy
bien: "Lo haces fenómeno, macho; ¿por qué no te dedicas a
esto?, tú ganarías una pasta; pero si los hay que cantan
peor y no hacen más que anunciar discos, y venga anunciar
discos; vamos, hombre, dedícate a esto en cuanto termines
aquí". Esto que le dicen y repiten su compañeros de
"mili" no anima demasiado a Luis Manuel; más bien, al
contrario; él sabe que tiene una buena voz, pero que esa no
va a ser su vida futura, que él no va a vivir de eso, vamos.
En los permisos va buscándose en Valencia sitios para poder
trabajar en una oficina en cuanto termine su servicio en la
Armada española. Hay, pues, un frenazo importante. Incluso
llega a no cantar, aunque se lo pidan. Quiere olvidarse de
la canción. Ha sido una cosa de juventud, de muchacho
adolescente, pero a partir de ahora tiene que pensar en
temas más serios. Así que, cuando terminan sus dos años de
servicio militar, Luis Manuel Ferri ha dado casi marcha
atrás y está dispuesto a encontrar el futuro de su vida por
otros derroteros. Ha decidido y aparentemente nadie le va a
hacer cambiar de opinión, renunciar a los micrófonos y
convertirlos en una mesa de trabajo en una oficina.
Un amigo,
una firma
Ya se sabe que cuando se tiene una vocación, que cuando a
uno le tira algo de verdad, no se olvida fácilmente. Casi
con el trabajo apalabrado y dispuesto a cantar a la hora de
levantarse, antes de salir para la oficina, mientras se
afeita y sólo en esas circunstancias, Luis Manuel se
encuentra con un amigo. Los dos se van a celebrar el
encuentro a una cafetería. Hablan de proyectos, de futuro,
de la "mili" terminada y de otras muchas cosas más. Metidos
en la conversación, Luis Manuel cuenta a su amigo que ha
renunciado a todo, que ha visto claro que al mundo de la
canción él no puede dedicarse y que prefiere trabajar en una
oficina y cantar para los amigos muy de tarde en tarde.
Una vez que
Luis Manuel ha terminado su exposición, contada casi con
vehemencia, su interlocutor sonríe. Le toma el pelo y le
dice que todo eso que ha contado, no se lo cree. El amigo
habla con fuerza, tanta que el público que llena la
cafetería asiste al discurso interesado. Repite una y otra
vez que Luis Manuel es un cantante como la copa de un pino y
que él, que entiende mucho de música, está completamente
convencido que va a llegar muy lejos.
Al principio del sermón Luis Manuel niega, pero
lentamente va aceptando, hasta que por fin acepta los
argumentos de su amigo. Este se convierte en una especie de
"manager" improvisado de Luis Manuel y a la vez en su jefe
de relaciones públicas y en su más fervoroso hincha. Después
de mucho mover, de mucho trabajar, el amigo comunica a Luis
Manuel que ya hay contrato. Estamos en 1968. En el Teatro
Principal de Valencia hay lleno, va a cantar Nino Bravo, un
chico del que dicen que lo hace muy bien. Todo son
conjeturas, nada hay de cierto, pero la gente -y ya se ha
dicho que en Valencia hay afición- acude a ver a Nino. Este
se encuentra muy nervioso. Tiene como miedo de enfrentarse
al público, aunque sus actuaciones siempre han sido cara a
ese público, aunque en otras circunstancias y lugares y no
en un teatro. Nino interpreta canciones del momento. No le
importa si van con su estilo o no. Él se atreve con todo y
nota que se van pasando los nervios conforme los aplausos
van llenando la sala. Puede decirse que aquella su primera
intervención oficial fue un éxito clamoroso. El rumbo de la
vida de Luis Manuel estaba tomado. La canción iba a ser su
vida, pero todavía le queda mucho camino. Él sabe que tiene
que luchar, porque jamás en su carrera ha habido fulgurantes
ascensiones; todo ha sido a base de lucha. Por eso, aunque
le vienen los contratos y le piden autógrafos en los que él
pone Nino Bravo en lugar de Luis Manuel Ferri, nombre que,
por supuesto, sí debe poner en los contratos, todavía no ha
pegado el salto nacional, aunque ya le falta muy poco para
conseguirlo.

La entrada en el
mundo del disco
La rueda ha
empezado a moverse en torno a Nino Bravo, que ya es así como
hay que llamarle, y ya no va a haber nadie que le pare. Tan
es así que pronto, después de algunas actuaciones más por la
región valenciana, con incursiones por Murcia y otras
provincias españolas, es llamado desde Madrid.
Le mandan un billete para el avión y Nino Bravo embarca
en Manises camino de Barajas. El billete iba acompañado de
una carta. Polydor, una importante casa discográfica, está
interesada en escuchar a Nino. Los técnicos de Polydor
sonríen satisfechos después de escuchar por primera vez a
Nino, porque el cantante responde plenamente a lo que
esperaban de él; sin embargo, queda mucho por hacer. No se
puede lanzar un nuevo intérprete al mundo del disco sin
hacer antes unos cuantos y previos trabajos. Los hombres de
la casa discográfica por la que Nino ha firmado saben que
hay que pulir la voz, que es toda una fuerza de voz, pero
que hay que cuidarla, que hay que trabajar con ella y sobre
todo hay que encontrar las canciones apropiadas para esa voz
y para ese intérprete que se llama Nino Bravo.
Las cosas hechas
despacio no desesperan a Nino, al fin ya se ha decidido y es
tarde para renunciar. El primer "single" -disco que contiene
sólo dos canciones- lleva por una cara grabado "Como todos"
y por la otra "Es el viento". Se hace la presentación
oficial. La crítica especializada recibe las dos canciones
con alabanzas y la interpretación de Nino parece buena a
todos. Si la unanimidad es rara, en esa oportunidad existe;
pero una cosa son los especialistas y otra muy distinta el
público. Pese al lanzamiento, pese a todo -y nadie ha parado
en medios- las dos canciones no tienen éxito, no suben
peldaño alguno en ninguna lista y el disco se vende muy
poco, por no decir muy mal.
A muchos esta primera experiencia no afortunada les
hubiera desanimado, pero a Nino Bravo no; ni tampoco a los
hombres de su casa discográfica. Todos sabían que iba a ser
muy difícil intentarlo de nuevo, pero todos estaban
convencidos que aquellas canciones, con un poco de suerte,
habrían encontrado el camino de las listas de discos; por
eso el trabajo se reanuda.
La velocidad no ha sido precisamente la característica
más importante en la vida de Nino Bravo como cantante, pero
como había madera de éxito tenía que llegar. Sólo pasa que
Nino no ayuda mucho a su propia promoción; él quiere que
llegue el triunfo, pero no quiere encontrarlo por otros
medios que no sean su manera de interpretar. Él es
responsable y serio, sabe que puede llegar, pero no quiere
recomendaciones. A la larga, el tiempo le ha dado la razón.

El triunfo llega 
Nadie, pues,
desespera. Todo el mundo, por supuesto Nino más que nadie,
trabaja con un único fin: encontrar la canción que abra las
puertas del triunfo, pero como siempre impera la calma y
antes de la llegada de ese triunfo nuevas canciones saldrán
al mercado, "Tú cambiarás", "En libertad", "Voy buscando",
"Mi querida mama", sirven todas ellas para dar a conocer a
Nino. Su nombre empieza a sonar, cosa que no deja de ser un
paso hacia la fama. Todas ellas son como los cimientos
sólidos de una eficaz edificación, a cuyo final surge "Te
quiero, te quiero", y con ese título y la voz de Nino, Luis
Manuel ha conseguido el éxito. Se lo aseguran todos, poco
después de terminar la grabación del disco. Lo aseguran los
críticos especializados, la canción se oye en los clubs y el
disco empieza a venderse; esta vez sí, esta vez han
coincidido todos, los especialistas, los técnicos de Polydor
y el público.
Ya se sabe
que nadie es profeta en su tierra y aunque "Te quiero, te
quiero" es el primer paso en la escalada del triunfo, por no
decir que es el triunfo mismo, pues en España no llega a
alcanzar el codiciado "boom". Sí, el chico canta "Te quiero,
te quiero", es conocido y alcanza puestos importantes y
relevantes en las listas de clasificación del disco. Incluso
hacen encuestas y éstas señalan que Nino Bravo tiene mucha
gente tras él, que cree en él; pero el gran triunfo le llega
fuera. La cotización del joven valenciano sube como una
auténtica espuma en Hispanoamérica. Todo el mundo compra su
canción y gracias a ella logra un disco de oro, logra ocupar
el número uno, logra llegar hasta todas las casas de los
pueblos de habla hispana. Son millones de personas las que
oyen su voz y se hacen largas colas cuando le toca actuar. A
veces, al ver a tanta gente, Nino se ríe y piensa que un día
todavía no muy lejano, estuvo muy cerca de no llegar a
arrastar a nadie y conformarse con estar detrás de una mesa,
y lo piensa mientras recibe invitaciones para participar en
el Festival Internacional de Viña del Mar, en Chile, como
invitado especial; del mismo modo participa en el de Río de
Janeiro y en el llamado Onda Nueva, de Caracas. No toda la
fama, no todo el éxito se queda en Hispanoamérica, que de
Montreaux también le invitan para que tome parte en el
Festival Rosa de Oro de aquella localidad. Nino, el
trabajador Nino, el hombre que se ha sacrificado, parece,
cuando empieza a entonar el "Te quiero, te quiero" en
Montreaux, un hombre totalmente satisfecho. Después de
muchas dudas, tras mucho luchar, está allí entre los mejores
del mundo. Ahora tiene que mantenerse, porque lo difícil,
llegar, ya está conseguido, y se acuerda de su amigo de
Valencia, aquel que le convenció para que se dedicara sin
duda alguna a la canción.

Seguir por el
mismo camino
Cuando se gana
una batalla hay que explotar la victoria; ese es un viejo
lema guerrero, pero en el mundo de las revoluciones por
minuto es muy difícil acertar dos veces. Por eso Nino
trabaja y estudia. Pasa casi cinco meses recluido. Hay que
seguir adelante y seguir por el mismo camino de siempre, con
trabajo y calma, con sacrificio y dedicación y muy lejos de
buscarse la popularidad por otros caminos que no sean los de
una seriedad absoluta. Pasado ese tiempo en los estudios de
grabación de Polydor se termina de grabar un álbum. Nino se
siente muy satisfecho al oir la primera prueba.
Al álbum se
le pone un nombre, el que lleva una de las canciones, "Un
beso y una flor", y se vuelve a acertar y se explota la
victoria. El álbum entra en las ventas de discos con fuerza.
Nino Bravo, casi recluido en Valencia, observa cómo todo el
mundo empieza a tararear su canción. En pocos meses un disco
de larga duración logra un éxito total. Nino se encuentra
satisfecho, pero quiere seguir trabajando, no se para.
Mientras "Un beso y una flor" se coloca en los primeros
lugares y se mantiene durante siete meses en las listas del
disco, y no sólo en España, sino en Holanda y en algunos
otros países europeos. Nino Bravo, junto a Luis Gardey y
Mónica, es invitado al Festival de Knokke, que está
considerado como la Copa de Europa de la canción. Al día
siguiente de su intervención la Prensa belga destaca su
nombre en grandes titulares y asegura que su voz y su forma
de interpretar han hecho vibrar al público como no lo ha
conseguido ningún otro cantante europeo.
España logra
el subcampeonato en esta Copa de Europa, clasificada justo
detrás de Inglaterra. Nino Bravo, con su "Puerta de amor",
es aplaudido en diferentes idiomas y toda la Prensa
especializada que acudió al Festival destacó la actuación de
Luis Manuel, aunque hoy ya nadie le llame así. Al menos no
le llaman de este modo todos aquellos que han elevado al
chico valenciano hasta la altura de grande de nuestra
canción. Todo ha sido casi en silencio, como ahora, casi en
silencio, sigue trabajando, pensando en el triunfo, sin
creerse que ha llegado; para él su voz es su medio de vida y
trabaja con seriedad. Busca el éxito como cada cual en su
profesión y no se duerme en los laureles.
Él, que no se
había criado bajo ninguna influencia musical, que nunca
creyó que pudiera llegar tan lejos como ha llegado, y no lo
creyó simplemente porque no se lo esperaba, porque para él
el mundo es tranquilidad y trabajo, ha llegado, ha alcanzado
la cima de los grandes. En ella está, con la misma
tranquilidad de antes y acordándose de aquellos muchachos
que le ofrecieron ser solista de un conjunto.

|