Hemeroteca de Nino Bravo

Diario Pueblo, 28 de Enero de 1971

 

Nino Bravo, número uno

«Que no me juzguen; el artista es algo sagrado»

 

   Al principio pudo ser así, y así, al parecer, no lo fue. Entonces era menos Nino, un Nino vendado a si mismo, que buscaba su sombra en los colegios de curas. Y cuantos más esfuerzos hacía por huir, con más afán se empeñaba, se seguía. Le llenaron la cabeza de fallas y de negocios florecientes que costaban treinta durillos. En los bailes sonaba "Volare" y "Chao, chao, bambina". Llegó luego la contabilidad y más tarde eso que Nino llama ahora el "tilín". Son recuerdos que le quedan como calcomanías pegadas a los ojos. Y el servicio militar en Cartagena. Y un corte de pelo a ras de nuca, pura discreción. El tilín, las ganas de cantar para mucha gente, el creer que de eso se podía vivir...
   -
Pero no se podía vivir -contesta Nino.
   Y un año, y otro, y otro; el pelo, cada día más largo. Los calcetines y las camisas, a cada aplauso, menos discretos. Susurros de canciones que hablan de "Te quiero, te quiero". Pasaporte a Dublín, sin Dublín. Hoy, un día gris.
 
 -Me gustan los días grises y, si es posible, con un poquito de lluvia.
   Pero tiene el alma ida y le duele la cabeza. Nino, en un café vacío, sin fanáticos, sin fanáticas, descubre su sinceridad.
 
 -Porque soy sincero. Mira: al margen de la música, me interesa la felicidad de las gentes que están conmigo. Les doy mi corazón. Esa es mi vena. Solo, completamente solo, me sentiría inútil.
   -¿Y?
 
  -Soy un tipo fenomenal.
   -¿Te estas quedando conmigo?
   Huele a café y aspirinas. A veces se le retuercen las carcajadas. No sabe ponerse serio. Nino, cuando se enfada, únicamente aprieta los pies contra el suelo.
 
 -No soy fenomenal. Qué va. Lo que ocurre es que me paso de honrado. Y tropiezo muchas veces en la misma piedra, aunque luego no me arrepienta.
   Le gusta el jazz. Cuando ensaya prueba pinitos de improvisación, y se siente casi tan grande como Duke Ellington.
 
 -Me gusta todo tipo de manifestación artística. Y no soy capaz de juzgar a nadie. El artista es algo sagrado.
   Nino Bravo, un hombre con metas, como todo el mundo. Ve la vida maravillosa, pero sin final feliz. Su canción número uno le define. Su emoción, su salvación, su condición, su ambición, su evasión, su obsesión... está ahí, en el "hit parade", comiendo éxitos.
 
 -Esta canción ha tenido éxito porque es original desde la primera nota hasta la última. La letra dice lo mismo que todas las letras, pero con encanto, como si la dijera un español muy caballero, muy español.
   Su psicosis de afectividad, enredada en trozos húmedos de indiferencia, le marcan un estilo. ¿Qué estilo? Y brotan entre sus muecas desenfadadas que juegan a la risa.
  
-No juego. ¿Ves? Esa mirada mía es incapaz de traicionar. ¿Y estilo? Yo no tengo ningún estilo de canciones. Soy un intérprete con características propias, nada más.
   Se nota desde aquí como un sabor dormido a naftalina. Nino Bravo tiene el día ido, y disimula sin fingimiento su propio disimulo. No sé cuál.

Carmen Rigalt

Foto: Magali