Hemeroteca
de Nino Bravo
Hilo Musical,
Enero de 1974
Nino Bravo,
la aventura póstuma de una voz
Casi al año de su trágica
muerte, comienza a ser mitificado por el cada vez más
numeroso grupo de sus seguidores.
Ha nacido un ídolo. Un personaje mitológico y
excepcional que, pura fuerza espiritual, sigue ganando
batallas después de muerto. Como el Cid.
Así se le ha querido mostrar a la gran masa de sus seguidores. Con
el aire triunfante de quien es capaz de vencer a la muerte
con las armas del sentimiento, con la fuerza de su música.
Nino Bravo ha entrado por la puerta grande en ese paraíso
ideal de los adolescentes, coto cerrado donde se guardan los
fantasmas más acariciados, los sueños más exclusivos. Nino
Bravo ha dejado de ser simplemente un cantante. Ahora es un
mito.
Pero estamos ante la realidad de un mito musical sin precedentes en
el país. Forzosamente es excepcional una figura de la música
ligera que, casi al cabo del año de su desaparición,
continúa manteniendo la popularidad, y aún acrecentándola a
medida que pasa el tiempo, en un ambiente donde los ídolos
son flor de un día.
Su popularidad, sin embargo, no se basa en la mera gazmoñería de
las masas -tan sensibles a los tinglados postmortuorios-,
sino en algo mucho más sólido: la gran fuerza de su voz.
Fuerza que mientras el cantante tuvo vida no llegó a
destacar cuanto merecía, ahogada por todas las
circunstancias de la personalidad de Nino Bravo. Ahora, Nino
Bravo es ya sólo una voz. Y ahora que sólo es una voz, la
gente ha sabido captar al fin todas y cada una de sus más
íntimas resonancias.
UNA VOZ VIVA
La voz de Nino Bravo, tan honda, tan personal y tan llena de
broncos matices, se mantiene en pie con más fuerza que nunca.
Es una voz cálida, recia, clara, extraordinariamente potente
y varionil, y con una gran facilidad de inflexión que le
permitía con la misma facilidad adoptar acentos ya enérgicos
ya románticos, según el espíritu de la canción. Una voz, en
suma, que ha podido sobrevivir a su autor y que ha comenzado
por sí sola una feliz andadura de cientos de
miles
de discos. "América, América", single póstumo de Nino, ha
sobrepasado ampliamente los cien mil ejemplares, y todo hace
indicar que también habrá de pasar los doscientos mil. "Te
quiero, te quiero", primera grabación importante del
cantante, sigue vendiéndose todavía, y ahora con más fuerza
que cuando Nino Bravo estuvo entre nosotros. Lo mismo puede
decirse de todos y cada uno de sus discos. Nadie, al filo ya
del año de la muerte de Nino Bravo, puede hoy por hoy
predecir cuándo ha de acabar este "boom" póstumo y
espectacular. Tal vez queden meses, tal vez años, tal vez
acabe siendo Nino Bravo el primer clásico de la música
ligera española y, por consiguiente, su recuerdo
no ha de tener fin.
En cualquier caso, Nino Bravo es ya historia. La historia de un
valenciano llamado Luis Manuel Ferri es la de un oscuro
cantante de un no menos oscuro conjunto -Los Supersons- que
comienza a actuar como solista del grupo sin pena ni gloria.
Hijo de modestos trabajadores, ha de hacer frente desde muy
pequeño a eso que se ha dado en llamar "la realidad de la
vida". Tiene que buscarse el sustento en condiciones muy
difíciles, tiene que salir adelante para ayudar a la familia,
para no sentirse una carga. Acaba de cumplir los dieciséis
años y ha de ponerse a trabajar.
UN CANTANTE "FEO"
Sabe que tiene buena voz, pero también sabe que su físico no le
acompaña. Estamos en la década de los sesenta, y la gente
sigue queriendo que los intérpretes sean mitad cantantes,
mitad galanes de cine. La figura de Nino Bravo no responde
precisamente a esa concepción, y esto le va a crear un
complejo de cantante "feo" que no logrará superar sino en
los últimos años de su vida, cuando ya el éxito comenzaba a
sonreirle de verdad.
Pero Nino Bravo no se conforma con ser uno más. La sola idea de
pasar por el mundo de la canción sin pena ni gloria le
subleva. En consecuencia, abandona el grupo en el que
actuaba como solista y se dispone a emprender por sí solo
una difícil aventura.
No le resultaron nada fáciles sus primeros tiempos como cantante
solista. Unas pocas galas, alguna que otra actuación en la
radio... Poca cosa. Tan poca que cuando le llega el turno
del servicio militar el nombre de Nino Bravo no tiene ningún
eco en el mundillo musical. Es uno de tantos, ni siquiera
uno de los menos conocidos.
Hace la "mili" como marinero en Cartagena durante dos años.
Un período de tiempo demasiado largo para quien, como en la
profesión de Nino, necesita estar en continuo contacto con
el público. Se acabaron las actuaciones, todo queda
paralizado y a punto de no reanudarse
más.
El ánimo del cantante se ha enfriado, su vocación titubea.
Llega incluso a pensar en cambiar los micrófonos de las
salas de fiestas por la mesa de cualquier oficina.
Terminado el servicio militar, aún ha de pasar por un corto período
de indecisión hasta que en marzo de 1969 le llega la primera
oportunidad importante de su vida: su presentación oficial
en el Teatro Principal de Valencia. Sus paisanos le acogen
bien, le aplauden incluso, pero no le conceden más
importancia que a cualquier otro primerizo. Los comentarios
se centran, sobre todo, en la potencia de su voz. La gente
piensa que Nino Bravo -cosa excepcional para los tiempos que
corren- es uno de esos raros cantantes que en caso necesario
pueden prescindir perfectamente del micrófono.
SU PRIMER DISCO
Comienza entonces para Nino Bravo una larga etapa en la que los
triunfos, sí, se van a suceder, pero de una forma
desesperadamente lenta y espaciada. Se encarga de sus
asuntos su "manager" Miguel Siurán. Comienza a dar galas por
la región valenciana, pero cobrando sumas muy modestas que
en ningún caso superan las diez mil pesetas. Son tiempos
duros. La idea de grabar un disco ni siquiera ha pasado
todavía por la imaginación del cantante.
Sin embargo, ese momento llega. Nino y su "manager" marchan a
Madrid en el coche de un amigo fotógrafo para firmar su
primer contrato discográfico. Nino graba su primer single:
"Como todos" y "Es el viento", con temas de Manuel
Alejandro. La interpretación de Nino en ambas canciones es
fabulosa. Pero el fantasma de la mala suerte, un fantasma
que no habría de abandonarle nunca, cubre esta su primera
salida discográfica. El disco, al principio, se vende poco y
mal. Nino es poco menos que un desconocido, pero además es
un muchacho lo bastante serio y responsable como para no
prestarse a ciertos tejemanejes de "promoción". El hombre no
ayuda a la popularidad del artista. Nino es serio,
concentrado en sí mismoa, un poco huraño. Tal es la
impresión que produce a quienes no le conocen, y en estos
momentos a Nino no le conoce casi nadie.
El primer disco de Nino Bravo tampoco trajo el éxito que todos
esperaban porque se daba la circunstancia de que las
canciones las había compuesto Manolo Alejandro, quien
también las componía por entonces para Raphael, y a la gente,
debido tal vez a esta circunstancia, le dio por decir que
Nino Bravo era un simple imitador de Raphael.
A pesar de sus portentosas cualidades, todo eran zancadillas
y miserias en torno a Nino Bravo, y el éxito no llegaba.
Nunca habría de gozar a satisfacción de las mieles del éxito
que se merecía. De ese disco primero sólo se llegaron a
vender, al cabo de varios meses, seiscientas copias. Un
fracaso. Pero un fracaso relativo, porque las emisoras
valencianas comenzaron a radiarlo con cierta frecuencia.
EMPEZAR DE NUEVO
Las cosas no marchaban todo lo bien que cabía esperar, y
Nino Bravo rompe con su "manager". Se hace entonces más
amigo de Manuel Alejandro, y éste le da una serie de
consejos sumamente provechosos: cómo vestirse, cómo accionar
ante el público, cómo comportarse frente al micrófono. En
suma, le ayudó a crearse su propia imagen, a ser, en lo
exterior, el reflejo de su propia y más íntima personalidad.
Manolo Alejandro le había propuesto irse con él a América, a
la aventura, pero Nino rehusó el ofrecimiento porque estaba
dispuesto, ante todo, a hacerse un nombre en España. Con una
canción de Manolo Alejandro se presenta también en el
Festival de Barcelona. También fue un fracaso. Las ilusiones
de Nino vuelven a desmoronarse, y el cantante, pacientemente,
va reconstruyéndolas una por una, sin perder la esperanza
del todo. Está prácticamente solo, sin ningún contrato en
perspectiva, sin nada que hacer y agobiado por las
preocupaciones económicas. Son los peores meses de vida
profesional de Nino, desde finales de 1969 hasta la
primavera de 1970 en que José Meri, antiguo "manager" de
Bruno Lomas, se hace cargo de sus asuntos.
Es como empezar de nuevo. Pero empiezan a presentarse las primeras
galas y Nino comienza a resolver sus problemas económicos,
hasta entonces tan importantes. Renueva por completo su
vestuario y comienza a atender algunos gastos inmediatos. Y
su nombre empieza a cotizarse: ya viene cobrando unas
cuarenta mil pesetas por gala. Aparece su segundo disco, "Tú
cambiarás", y con él su nombre empieza a sonar con fuerza en
el mercado nacional. Comienza a ser alguien. Alguien lo
bastante importante como para debutar por primera vez en
Madrid, en el Club Imperator. Estamos en el mes de abril de
1970, y ésta su primera salida profesional a Madrid habrá de
costarle cara, ya que los músicos exigieron cobrar más de lo
convenido, y Nino Bravo tuvo que sacrificar íntegramente su
sueldo. Pero al fin y al cabo había actuado por primera vez
en Madrid.
"TE QUIERO, TE QUIERO", LANZAMIENTO DEFINITIVO
"Te quiero, te quiero", sin duda la canción más popular de
Nino Bravo, comenzó a cantarse en el verano de 1970. Fue su
lanzamiento definitivo, a escala discográfica. Esta canción
cubre los clubs, emisoras y discotecas no sólo de España,
sino también de América del Sur, donde el cartel de Nino
Bravo sube al fin como la espuma.
Precisamente en los países de América del Sur es donde los triunfos
de Nino, dadas las peculiaridades románticas y sentimentales
de su voz, han alcanzado mayores alturas. Tanto por su venta
y popularidad -discos de oro y número uno en las listas-
como por sus actuaciones. Participó como artista invitado en
varios festivales, tales como el de Viña del Mar, Río de
Janeiro y Onda Nueva de Caracas.
A partir de "Te quiero, te quiero", que llegó a ser número uno en
España, las cosas empezaron a cambiar para Nino Bravo. El 17
de diciembre de 1970, tras un primer viaje relámpago a
América en el que sólo cobró dos mil dólares por dos
actuaciones en televisión y otras dos en una sala de
fiestas, Nino Bravo hace al fin su presentación en la
catedral de la música "pop", el J.J. Siempre ha sido un
cantante "difícil" para la crítica, y en esta ocasión hubo
críticos que se cebaron con él: le reprochaban su estilo
"camp", la inmadurez de sus gestos, el no saber qué hacer
con las manos, sus aires provincianos... Pero nadie pudo
discutirle la formidable fuerza de su voz, que al fin y al
cabo era lo que más importaba. Eso, a nivel de críticos. A
nivel de público, el éxito del J.J. no pudo ser más
espectacular. Significó, ni más ni menos, que su
consagración definitiva como uno de los más importantes
cantantes del país. A partir de su actuación en J.J. sus
honorarios por gala se acercan ya a las cien mil pesetas, y
en algunos casos superan esta cifra.
EL FRACASO DE SU BODA PRIVADA
A las ocho de la mañana del 20 de abril de 1971, Nino se
casa con María Amparo Esther Martínez en la iglesia de Santo
Domingo de Valencia. Nino consideraba su boda como algo
demasiado serio y trascendental para convertirlo en un
producto de consumo publicitario. Siempre había guardado
celosamente todo lo concerniente a su vida privada, y en
esta ocasión trató, sin éxito, de esquivar a los periodistas.
Se molestó muchísimo, pero al fin comprendió la amarga
verdad de que un personaje público sólo puede gozar menos
que a medias de su vida privada. No era precisamente Nino
Bravo el típico cultivador de eso que se ha dado a llamar "relaciones
públicas". Era reacio a las apariciones en público, a la
publicidad gratuita, y sólo asistía a aquellos sitios donde
sabía que iba a verse rodeado de amigos. Por esa forma de
comportarse tuvo que soportar el sambenito de insociable y
seco.
Dígase lo que se quiera, Nino Bravo era un cantante eminentemente
sentimental, y si el éxito tardó tanto en llegarle fue,
sencillamente, porque se adelantó a su época. Ahora, cuando
la canción vuelve a adquirir íntimas resonancias, cuando la
gente comienza a interesarse de nuevo por la melodía poética,
ahora es el gran momento de Nino Bravo, y a ello hay que
atribuir también su éxito póstumo.
Su muerte ha influido, evidentemente, en crear en torno a él una
leyenda. Morir a los veintiocho años, de una manera absurda
-un accidente automovilístico, como James Dean-, ha
producido un fuerte impacto emocional entre sus seguidores.
Diez mil personas, al menos, le acompañaron en su último
viaje y siempre hay, siempre habrá, un ramo de rosas frescas
en su tumba. Jamás cosa semejante había ocurrido en nuestro
país.
Javier Espada