Hemeroteca de Nino Bravo

Levante, 16 de Abril de 1998

 

25 años sin Nino Bravo

 

Nino Bravo, en sus años de madurez

   El 16 de abril de 1973, tal día como hoy, fallecía en la carretera de Madrid el cantante más universal que la música valenciana tenía en aquellos momentos. Luis Manuel Ferri Llopis había madrugado aquella fatídica mañana y, a la altura de la localidad de Villarrubio, el BMW que conducía se salió de la calzada y segó de raíz la historia de un cantante que había logrado crear una imagen totalmente nueva y cuya memoria aún perdura en el corazón de las miles de personas que adoraban su voz y sus canciones. Veinticinco años después, la memoria de Nino Bravo sigue viva.

 

Aquel día fatídico

Pepe Sancho.

   Nino Bravo madrugó para ir a su encuentro con la muerte, y a las siete de la mañana de aquel lunes, 16 de abril , ya estaba dispuesto para emprender su último viaje. Se despidió de su mujer, María Amparo – a quien él llamaba Marie y que se encontraba en avanzado estado de gestación – y de su hija del mismo nombre. Le acompañaban en el coche, un BMW 2.800, su compañero de grupo Pepe Juezas y un par de muchachos, Miguel y Fernando, que componían un dúo llamado Humo, a quien Nino producía y que era el motivo de aquel desplazamiento a la capital, donde por la tarde de aquel mismo día tenían que acudir a ciertos estudios madrileños de grabación. Se pusieron en marcha, sin problemas, sin prisas, porque Nino Bravo no era demasiado amante de la velocidad. 

   El viaje transcurría con normalidad, entre bromas y risas. Se llegó a las inmediaciones de Villarubio, con más de 90 kilómetros recorridos, y allí, agazapada en un cambio de rasante, esperaba la tragedia. El vehículo se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana, sufriendo golpes de piedras y ribazos. Nino Bravo no perdió el conocimiento. Pepe Juezas también tenía heridas graves, y Miguel y Fernando resultaron prácticamente ilesos. Acudieron a socorrerles y fueron llevados a un hospital de Tarancón. Nino insistió que sólo se le avisara a su manager de entonces, Vicente Moya Suco. Se pidió una ambulancia para trasladar a Nino a Madrid, dada su extrema gravedad. Pero no llegó a tiempo. Nino Bravo fallecía alrededor de las doce del mediodía.

   Fernando Romero llamó por teléfono a la oficina que para entonces tenía Nino Bravo montada en Valencia para dar la fatal noticia. Aquí no se daba crédito a la fatal tragedia. Suco se puso rápidamente camino de Madrid por carretera. Antes había informado a Manuel Martínez, hermano de la mujer de Nino. Dar la noticia a la viuda resultaba sumamente difícil, teniendo en cuenta su estado de embarazo, y a pesar de que, según algunos comentarios, las cosas no iban demasiado bien en el matrimonio en aquella época. Se requirió la presencia de médicos para atender a María Amparo en el momento. La desesperación había cundido entre sus allegados.

   Las noticias en radio y televisión habían sido confusas durante toda aquella mañana. Se especulaba entre la vida y la muerte. Finalmente, en el telediario de las tres de la tarde, Televisión Española, única en aquellos años, confirmaba la muerte de Nino Bravo. España entera se sintió desolada, y Valencia se vistió de luto. La muerte de un cantante de éxito en plena juventud sobrecogió a la gente. En la tarde del martes 17 de Abril, el cadáver de Nino Bravo salió de Madrid. A primeras horas de la mañana, llegaba al llamado entonces Cementerio Municipal de Valencia, donde cerca de dos mil personas esperaban al cantante desaparecido. Las escenas de dolor y angustia se produjeron entre quienes esperaban, repitiéndose al día siguiente, cuando a las once de la mañana Nino Bravo era enterrado en olor de multitud, con cerca de diez mil personas inundando el cementerio. Acudieron amigos y profesionales de toda España, compañeros de profesión del cantante y admiradores que no daban crédito a la tragedia. El ídolo había caído para siempre.

   Nino Bravo había muerto cuando se preparaba su lanzamiento internacional y todos auguraban lo mejor para el cantante. Como Luis Manuel Ferri Llòpis había nacido en Aielo de Malferit 28 años antes, pero se había criado y desarrollado su prodigiosa voz en la barriada de Sagunto, en torno a la calle Visitación. Comenzó como cantante de un grupo llamado Los Hispánicos, más tarde, se incorporó a Los SuperSon, conjunto que le acompañaría para siempre. Hasta que Miguel Siurán, le propició su lanzamiento y la grabación de su primer disco, que iniciaría una carrera inolvidable a pesar de los 25 años transcurridos, desde aquel día fatídico.

 

Cholvi, Villalba, Amparo Martínez y sus hijas.A. Martínez: "Lo que más me emociona es el cariño popular" 

Ricardo Rodríguez.

   El recuerdo de Nino Bravo persiste muy especialmente en su familia. Su viuda, María Amparo Martínez, y sus dos hijas, Amparo y Eva, recibieron ayer un emotivo homenaje en las Cortes Valencianas, en el que le fue entregada una placa conmemorativa por el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Luis Manuel Ferri Llopis. Posteriormente las tres firmaron en el libro de oro de las Cortes.
   Amparo declaró sentirse "muy emocionada" y estuvo al borde del llanto en algunos momentos; para la viuda es "muy importante el reconocimiento de las Cortes, pero me emociona mucho más el reconocimiento popular que se palpa en la calle y que demuestra que la memoria de Nino sigue viva".

   "Que la gente de su generación siga acordándose de él -afirma- es una cosa que entra dentro de lo normal, pero lo que le hace diferente es el conseguir que los jóvenes que no escucharon a Nino con vida sientan la misma emoción al oír sus canciones. Es algo que me fascina y que no considero normal". Amparo no se define a la hora de buscar un sucesor para la voz de Nino Bravo "porque no creo que haya nadie que pueda llenar ese hueco que nos dejó. Es imposible, aunque hay voces como la de Francisco que lo hacen muy bien, pero no creo que ninguno de ellos intenten llenar un hueco".
   Amparo Martínez vive actualmente apartada del mundo artístico y se muestra reacia a hablar de su vida privada "porque mi vida privada era junto a Luis Manuel Ferri y no junto a Nino Bravo".
   El recuerdo es también muy especial para sus hijas, Eva y Amparo, de 24 y 26 años, respectivamente. Eva no había nacido aún cuando se produjo el fatídico accidente, pero recuerda a su padre a través de sus canciones. En el último disco de duetos la hija menor cantaba junto a su padre una de las canciones. Las hijas sienten a su alrededor el cariño del público, "de muchas personas que aún lloran y se emocionan cuando recuerdan lo que pasó".
   Eva se muestra actualmente ilusionada con su incipiente carrera como cantante para seguir los pasos de su padre, "aunque debo seguir preparándome". Es una saga que continúa.

 

 

   Mis últimas horas con Nino Bravo

   Guillermo Ortigueira

   La efeméride fuerza el recuerdo. ¿Han pasado ya veinticinco años? ¡No es posible! En las emisoras suena su voz vigente, personal, mil veces imitada. Me siguen llamando de Argentina, solicitando material informativo sonoro y gráfico. En muchos países de Hispanoamérica se siguen vendiendo miles de discos cada año. Nadie acaba de creer su desaparición. Yo tampoco.

   La última vez que nos vimos fue en Isabel la Católica, frente al portal de su Agencia Brani. Era sábado 14 de abril de 1973. Allí nos despedimos por última vez. Habíamos pasado gran parte de la mañana juntos, explicándome sus muchos proyectos. Quería abrir una discoteca con el nombre de Julio Verne. Era su año. Estaba a punto de iniciar una extraordinaria campaña, la mejor de toda su carrera. Había ganado siete millones brutos y comenzaba a sentir el fruto de su esfuerzo. El reencuentro, después de varias semanas sin vernos, fue en Radio Valencia, donde yo trabajaba en esa etapa. Esa misma mañana, Mara y Rafael Mauricio le entrevistaron.
   Al bajar del coche, aquel BMW 2800 matrícula de Canarias -el mismo que 48 horas más tarde le segaría la vida en la carretera-, y al estrecharnos la mano, Nino me dio una primicia: "Mary está en estado -me dijo-. Esperamos un nano, un Bravo". Me alegré, le felicité de corazón. Me vino a la memoria que fue en la discoteca Victor's, en la calle Dr. Montserrat, donde una tarde le presenté a Mary, su mujer.
   En aquella época, Nino no disponía de coche, y muchos días nos convertíamos en inseparables. Nuestros lugares de reunión eran Victor's, la cafetería del Ateneo Mercantil y su local de ensayo, en Catarroja.
   Durante el trayecto en el coche, aquella mañana del 14 de abril, hablamos de su última actuación en Valencia, en el Parador 73, durante las Fallas, la noche de debutantes, donde superaría el éxito de Raphael. Fue precisamente esa noche cuando Nino le comentaría al escultor Alfonso Pérez Plaza la posibilidad de que le realizase un busto. Nadie podía imaginar que ese busto se convertiría en monumento, tras su muerte. Yo conocía esa circunstancia y cuando Nino Bravo falleció -aprovechando los beneficios de la biografía que le dediqué-, me apresuré a hablar con Alfonso para gestionar el monumento. Por cierto que como promotor y patrocinador del mismo tuve que luchar contra la oposición del entonces concejal de Cultura. El concejal de Cultura en cuestión alegaba como todo argumento que "Nino Bravo no había inventado la penicilina", por lo que no consideraba adecuado que Nino tuviera un monumento. Al final terminó cediendo.
   Hoy correspondería a aquella juventud que depositara "un beso y una flor" en el monumento de Nino Bravo, en los jardincillos de la calle Sagunto, donde fue durante muchos años su barrio.

 

Nino Bravo, durante una rueda de prensa."Una voz muy mediterránea"

Cantantes, políticos y músicos recuerdan la figura del artista valenciano

Ricardo Rodríguez.

   La gran valía de Nino Bravo como persona es una de las características más recordadas, tanto por aquellos que le conocieron como por los que le trataron superficialmente, e incluso por los que nunca en vida tuvieron una relación de tú a tú con él.
   Esa es la razón de que veinticinco años después de su muerte aún sea tan grande la huella que ha dejado en los corazones de todos los valencianos y de los amantes de la música de todo el mundo.
   Francisco ha sido asumido por muchos como el sucesor de la voz de Nino, pero él prefiere no entrar en comparaciones y recuerda a Nino como "una voz muy mediterránea, con matices de antaño. Nuestra tierra siempre ha tenido voces así, pero con la de Nino se alcanzaron nuevas cotas porque fue de los primeros en llevar esos registros a la música pop".

   Según Francisco, el mito de Nino Bravo también ha venido alimentado "por su muerte, que sorprendió a todos en un momento en el que este tipo de tragedias aún no habían ocurrido. Bravo se encontraba en un mal momento de ventas, aunque era un artista que sonaba mucho en las radios".
   Francisco no conocía aún a Nino Bravo por aquel entonces, pero recuerda el momento de su muerte como "un mal día, en el que lo pasé muy mal".
   Otro gran conocedor del cantante de Aielo de Malferit es Héctor Villalba, el president de Les Corts, que vivió en la localidad natal de Nino y que tuvo "la oportunidad de conocer los lugares de sus canciones y, con ello, sentirlo aún más profundamente". Villalba destaca "la vigencia de su valía artística, que perdura a pesar de su desaparición física".

   Nino, grabando en un estudio.La voz y el carácter de Nino también dejan huella en las nuevas generaciones. Varias de las canciones de su repertorio han sido incluidas en los discos de artistas jóvenes; una de las bandas emblemáticas de Valencia, Seguridad Social, realizó hace poco una versión del tema más clásico de Nino: Un beso y una flor, y algunos de los miembros de la nueva hornada de cantantes valencianos no tiene reparos en admitir la influencia del artista en sus vidas, a pesar de pertenecer a épocas diferentes.
   A ello han contribuido las constantes reediciones de su obra discográfica, bien en recopilatorios, bien en la moderna versión de duetos, que ha permitido mezclar la voz de Nino Bravo con la de otros artistas relevantes, como Raphael. Del último de ellos se han vendido ya cientos de miles de copias.
   Para Isa, cantante del grupo valenciano de pop Una Sonrisa Terrible, la vigencia de Nino Bravo se debe a
"su capacidad para conectar con la música moderna que se hacía en su momento. A mí su voz me recuerda mucho a la de Jim Morrison, y de ahí que los más jóvenes nos podamos ver reflejados en su obra, porque es un cantante actual que nunca pasará de moda".

 

El cantante, en una actuación de 1972Una gran persona

Pepe Sancho.

   Tuve la suerte de contarme entre los amigos de Nino Bravo, especialmente en la primera etapa de su lanzamiento a nivel nacional. Viví con él los momentos duros de su vida, cuando se debatía en su profesión con incertidumbre en busca de esa suerte que, por su calidad, merecía. Están todavía en mi recuerdo aquellas tardes en la discoteca Victor's, adonde Nino acudía a diario junto a su inseparable Vicente López, para charlar con su amigo Víctor Carrasco, propietario del local.

   Andaba por entonces Nino enredado en amores con una muchachita de Carcaixent, creo, pero en aquella discoteca conoció a Marie, una chica rubia que estaba recién llegada desde el Marruecos francés. Yo estaba presente, y lo que parecía un amorío terminó en boda.
   Fui una de las escasas personas invitadas a la boda secretísima de la pareja, celebrada en la iglesia castrense de Santo Domingo, un 20 de abril de 1971, tras una maquiavélica intentona de eludir a la prensa, ya que la pareja quería intimidad.
   Mía fue la crónica que aquella misma tarde publicaba el diario vespertino Jornada y, al día siguiente, este propio diario Levante. Igualmente estaba presente en el bautizo de su primera hija, y fue emocionante cuando Nino, en el desaparecido restaurante Viveros, cantaba su tema Noelia dedicado a su propia hija tras el ágape bautismal. 
   Y a mi casa venía Nino con regularidad a cuidar su look, cuando servidor alternaba el periodismo con la belleza capilar.

 

 

 

   Sigue vigente

   Dova

   Conocí a Nino en 1970, cuando TVE hizo un programa que empezaba en octubre y terminaba la víspera de navidad. Era un programa estelar titulado Pasaporte a Dublín que contenía especiales entre los que estábamos Nino Bravo y yo; de ese programa tenía que salir el cantante que iría a Dublín a representar a España en el Festival de Eurovisión, y que finalmente fue Karina.

   Este programa nos dio la oportunidad de compartir tres meses, a razón de cinco días a la semana de maquillaje, comida, grabaciones...; en definitiva, de amistad.
   Coincide también que por esa época ambos fichamos por la misma discográfica y también pasamos mucho tiempo juntos por ese motivo, a la vez que siempre encontrábamos un momento para salir juntos con amigos a tomar unas copas.
   Fue la época en la que nos embarcamos en galas por toda España de la mano de Joaquín Prat y una época que recuerdo con especial cariño porque me dio la oportunidad de convivir de cerca con una persona muy amable y, como le llamábamos nosotros, muy campechanote. Recuerdo a Nino como alguien accesible y llano.
   Posteriormente se casó con Amparo y, casualmente, se puso a vivir en la calle paralela a la mía; la puerta de su garaje daba enfrente de mi despacho y cada vez que salía me saludaba con las luces de su coche; manteníamos, como es de suponer por todas las cosas que teníamos en común, una relación entrañable.
   El día que murió lo recuerdo como ayer mismo; terminaba de grabar en Valencia un especial para TVE. Llegué a casa a las cinco y mi asistenta me dijo que habían estado llamando muchos periodistas por teléfono, aunque ninguno dijo para qué asunto llamaban. Me sorprendió, pero me calmé esperando a que alguno de ellos llamara con algo concreto y en menos de cinco minutos llamó Santiso, con el que mantuve la siguiente conversación: 
   -¿Te has enterado ya?
   -¿De qué?
   -Del accidente de Nino.
   En aquel momento recordé otro accidente anterior que había tenido con su 600 y no le di importancia, hasta que me dijeron muy secamente:
   -Ha muerto.
   No lo creí, en principio, y pensé que era una broma, hasta que me contaron todos los detalles y confirmé que era cierto. Entonces entré en estado de shock y no pude llorar, ni agarrar el teléfono, ni moverme siquiera. Me imaginé el accidente, y en ese instante exploté sin poder dejar de llorar.
   Pasé unos meses muy malos, y en el homenaje que se realizó en septiembre en la plaza de toros, con un enorme éxito de participación, canté Un beso y una flor a pesar de que la voz se me cortaba.
   A Nino lo recordaré siempre por su simpatía y lo abierto que era, y por su voz, tan clásica y, a la vez, tan actual; una voz que sigue vigente hoy en día.
   El día que muera espero encontrarle en el cielo y cantar con él el dueto que nunca me han dejado hacer en vida. Lo cantaremos allá arriba.

 

 

   Una vida en imágenesNino y Víctor Carr

   Ricardo Rodríguez

   Para quienes, como yo, no habíamos nacido aún el día que Nino Bravo dejó su vida en la carretera, su recuerdo no existe más que a través de oscurecidas fotografías en blanco y negro y unas escasas imágenes de TVE que rescatan una imagen de España que nos suena muy lejana, a base de largos flequillos, abundantes patillas y pantalones de pata de elefante.
   Pero por encima de todos estos recuerdos visuales, que ninguno de nosotros podemos asimilar como propios sin haberlos vivido, está su voz, profunda, cálida y sentida. Una voz inextricablemente unida a la tierra en que Nino nació y que, por lo que nos cuentan, tanto amaba.

   La generación más joven nunca escuchó en directo América América, ni Un beso y una flor, ni Esa será mi casa, ni ninguna de las infinitas canciones que Nino dejó para la historia, pero quizá por el hecho de ser valencianos, o por tener en casa la discografía completa heredada de unos padres nostálgicos, el caso es que todos nos hemos sorprendido alguna vez en un karaoke cantando con mayor o menor acierto aquello de Dejaré mi tierra por ti... y todos hemos sentido una emoción especial; un vínculo con una voz y una personalidad que se han convertido en seña de identidad de todos los que amamos la música. Y eso seguro que enorgullece a Nino, dondequiera que esté.

 

 

   Nadie muere del todo hasta que se le olvida

   Vicente Moya 'Suco'

   Si por esta sublime cita me tuviera que guiar, bien se podría decir que todavía quedan muchos años por delante para que Nino Bravo nos abandone, si es que con el paso del tiempo alguna vez llegara a hacerlo.

   Parece que fue ayer y ya han pasado 25 años, que se dice muy pronto. Cuantas veces en todo este tiempo he llegado a pensar si todo no era una pesadilla, una mala y angustiosa pesadilla. Pero automáticamente volvía a mis retinas aquellas tantas y tantas personas que agolpadas en la carretera -esa misma que tan sólo unas horas antes le había segado la vida- le decían en silencio su último adiós sin llegar a creerse del todo lo que estaban viendo, y que se iban multiplicando por cientos a medida que nos acercábamos a Valencia, hasta llegar al momento de su inhumación, en donde se desbordaron todas las previsiones. Miles de valencianos quisimos testimoniarle nuestro cariño a la hora de darle eterno descanso.

   Allí se quedaba el hombre, el hijo, el hermano, el marido, el padre, el compañero, el amigo... Y allí mismo nacía el mito. Con la misma fuerza imparable que le ha llevado hasta nuestros días, y que estoy convencido permanecerá anclado entre los valencianos que, generación tras generación, irán alimentando la llama imperecedera de su recuerdo.
   Un recuerdo que hoy se podría haber visto realzado todavía más si las instituciones valencianas que en la actualidad rigen nuestros destinos se hubieran unido a tan importante efeméride.
Nino, en GreciaPero se ve que en su particular hemisferio no ha quedado hueco para ello. Otra cosa hubiera sido si estuvieran próximas algunas elecciones, y tan sólo Les Corts Valencianas entregaron el martes una placa conmemorativa a la viuda e hijas del cantante.
   Capítulo aparte merece Canal 9, la televisión valenciana, que pese a tener una propuesta en su poder desde el pasado mes de octubre para la realización de un programa especial por tal motivo, han pasado olímpicamente del tema, dando la callada por respuesta. No deja de ser anecdótico, pero no por ello menos triste.
   Pero hoy no es día de tristeza, sino de emociones. Las mismas con las que vibramos todos quienes tuvimos la dicha de conocerle. Unos, arriba de los escenarios, y otros, entre quienes con orgullo me encuentro, también abajo, que es en definitiva donde se alcanza a conocer mejor a las personas. Porque Nino Bravo, no se olviden nunca, era un gran cantante, pero también una gran persona. Yo, desde luego, nunca le olvidaré.