Acababa de firmar otro
contrato por cinco años con la casa Polydor, cuando el
trágico día 16 de abril de 1973, un accidente
automovilístico arrebataba a Nino a la canción hispana,
y se lo entregaba a la inmortalidad por medio de su
sentimental voz. Nino Bravo perecía a consecuencia de un
accidente en una autopista llegando a Madrid, en el
término de Villarrubio, cuando acudía a la capital para
trabajar en el disco del Dúo Humo, conjunto valenciano
que también viajaba en el automóvil. Habían transcurrido
tres años desde su primera y su última grabación y en
ellos había conseguido una intensa colección de éxitos.
Nino Bravo
quiso potenciar el talento valenciano, y eso hizo
promocionando al Dúo Humo. Esta relación surgió de una
manera espontánea y altruista, por parte de Nino.
Deseaba hacer lo que nadie había hecho por él y para
ello no escatimó ningún tipo de gastos: el mejor
fotógrafo, la mejor boutique, el mejor arreglista, el
mejor estudio...
El gran
compositor José Luis Armenteros dijo en una ocasión:
"Vi a Nino por última vez en Barcelona cuando le
entregaron su también último trofeo, el Olé de la
Canción". Tras esto, Nino Bravo se iría a descansar
a Canarias y realizaría su apoteósica actuación en el
Parador '73 de las fallas valencianas, en el que
interpretó el himno valenciano con la ayuda del público
presente.
Dentro de
los proyectos de Nino Bravo estaban los de realizar una
gira por Latinoamérica a mediados de junio de ese año.
También quiso crear una gran sala de conciertos llamada
Julio Verne donde poder dar oportunidades a los
grupos valencianos. Él creía que en Valencia había
suficiente talento e iniciativa como para alcanzar el
éxito nacional e internacional. Este proyecto no
consiguió llevarlo a cabo, pero lo que sí ha conseguido
es que los grupos valencianos le reconozcan ese
esfuerzo, porque son muchos los que le han dedicado sus
canciones, como por ejemplo el grupo Seguridad Social.
Su cantante, José Manuel Casany, dice: "Como todos
los valencianos, hemos crecido a base de paella y Nino
Bravo; teníamos esa espinita de que no le habíamos hecho
ninguna versión, y decidimos grabar Un beso y
una flor".
Otro de los
proyectos que Nino Bravo tenía en mente era el de
realizar un disco de larga duración dedicado a América,
tierra de la que contínuamente decía que era "el
futuro del mundo". Este último deseo lo cumplió,
porque justo antes de morir dejó diez temas grabados que
se recopilaron en un LP titulado "... Y vol. 5",
que contenía el éxito "América, América". Este
trabajo resultó ser un homenaje póstumo, pues todas las
canciones fueron grabadas a modo de ensayo. "América,
América" fue lanzado al mercado después de su muerte, y
consiguió un gran éxito en ventas. Antes de que este
disco viera la luz en las tiendas discográficas,
Fonogram ya había recibido 60.000 pedidos. En este disco
se incluía el único tema en el que Nino participó como
compositor. En un principio se lo quiso dedicar a su
esposa, pero finalmente la letra fue cambiada para dar
una bella y armoniosa canción, "Vivir".
Después de
su muerte, la casa discográfica sacó al mercado
numerosas recopila- ciones de sus grandes éxitos, una de
ellas "La voz de Nino Bravo". Este disco se llevó
a cabo con su voz e incorporando un sonido instrumental
totalmente renovado, con arreglos del conocido Luis
Cobos. Años más tarde tendrían lugar la edición de los
famosos duetos, en los que podríamos escuchar a
cantantes actuales (Francisco, Paloma San Basilio,
Mocedades, Sergio Dalma, Dúo Dinámico, Raphael...)
cantando a dúo con el gran Nino Bravo, más de veinte
años después de su muerte..
Año tras
año, la tumba de Nino Bravo sigue rebosando de flores
como tributo al gran cantante que tan prematuramente nos
abandonó. Los homenajes se suceden, los tributos son
inevitables, y es que todo es poco para honrar la
memoria del mayor cantante que dio la música hispana.
Nino Bravo aún vive: en el
corazón de miles y miles de personas que le recuerdan y
admiran cada día.
Darío Ledesma. |